Email del 24 de enero 2016

Rene Magritte. The infinite recognition (1963)

No hace mucho más de cien mil años, éramos unos pocos miles de cazadores y recolectores viviendo en las sabanas de lo que ahora llamamos continente africano. Actualmente somos casi ocho billones de personas loa que habitamos cada rincón de ese planeta llamado Tierra. Cada minuto nacen entre trescientos y cuatrocientos bebés en todo el mundo. Algunos de ellos, demasiados, se convertirán en políticos, sacerdotes o psicópatas. Y como un persistente eco insonoro conspirarán unidos para hacer la existencia todavía más insoportable. Adquirirán la aquiescencia que otorga el poder para dispersar el virus que los hará eternos. Porque sólo los hijos de puta son recordados, admirados, seguidos y reverenciados. Omne ignotum pro magnifico est.

HIJO DE PUTA Nº 1: Tengo en mis manos unas tijeras. No están demasiado afiladas, pero todavía pueden servir para rebanar vuestros cuellos. Si pudiera, es decir, si tuviera las agallas necesarias, me demostraría lo sencillo que puede ser ejecutar a alguien. Si mi moral no fuera demasiado tradicional, y si esa pequeña parte que comprende mis valores corruptibles fuera capaces de liberarse de la facultad meramente humana por la cual comprendemos y juzgamos…

HIJO DE PUTA Nº 2: Espera, ¿quieres decir que puedes controlar tus impulsos?

HIJO DE PUTA Nº 1: ¡Por supuesto! En eso se puede decir que estoy por delante de todos vosotros. Por ejemplo, tú, que has cometido todos los delitos y perversiones existentes, incluido el asesinato masivo -asesinato por placer debería llamarse- y que por no tener la mínima ética criminal has llegado a beber la sangre de tus víctimas, entre ellos niños y ancianos a los que primero engatusaste para luego…

HIJO DE PUTA Nº 2: ¿Crees que soy peor que tú? ¿Crees que por el mero hecho de pensar lo que harías, pero que no haces, por la simple razón de justificar que todavía no estás corrompido por la sociedad de la que reniegas, te hace mucho mejor que algunos de nosotros?

HIJO DE PUTA Nº 3: Mirad, yo he matado, he descuartizado y me he comido parte de los cuerpos de esos infelices desgraciados que verdaderamente deseaban desaparecer. ¿Soy un asesino? ¿Quizá un demente, un loco? He hecho lo que me suplicaban, desde luego no con palabras, sino con el poder de la mirada. Personalmente me veo más como un eutanasiador.

HIJO DE PUTA Nº 2. ¡Vaya! Esa sí que es buena. Si sigues por ese camino acabarás haciéndome llorar…

HIJO DE PUTA Nº 1: ¡O vomitar!

HIJO DE PUTA Nº 3: Nunca quité la vida de nadie que no quisiese desaparecer…

HIJO DE PUTA Nº 1: ¿Por eso te los comiste? Los guisaste y te los zampaste. ¿Te pedían con la mirada que los engulleras y que rebañaras sus huesos?

HIJO DE PUTA Nº 3: Por supuesto que no, pero una vez muertos, ya no servían para nada. Además me gusta comerme todo lo que amo.

HIJO DE PUTA Nº 2: Creo que necesito que alguien me de un sopapo porque debo estar soñando. ¿Quieres decir que amabas a cada uno de los que sacrificaste?

HIJO DE PUTA Nº 3: A todos menos a uno. Cómo sé que me preguntaréis quién era esa excepción os lo confesaré.

HIJO DE PUTA Nº 1: A mí me importa poco conocer a quién amabas u odiabas…

HIJO DE PUTA Nº 3: Fue mi tía, la hermana de mi padre. Se llamaba María de las Mercedes y era una bocazas. Ella fue la causante de que toda la familia supiera que mojaba la cama. Os juro que cuando la troceé en porciones equivalentes mi…

HIJO DE PUTA Nº 2: ¿Porciones equivalentes? Me reiría si no fuese porque odio reír.

HIJO DE PUTA Nº 1: En resumidas cuentas, te comiste a tu tía María de los Ángeles…

HIJO DE PUTA Nº 3: María de las Mercedes. Se llamaba María de las Mercedes, pero yo la llamaba Merceditas.

HIJO DE PUTA Nº 2: ¡Me vas a hacer llorar!

HIJO DE PUTA Nº 1: ¡O vomitar!

HIJO DE PUTA Nº 3: Como os contaba, la imbécil además de contar que me meaba en el catre iba por ahí…

HIJO DE PUTA Nº 2: ¡Enuresis nocturna! Jajajaja.

HIJO DE PUTA Nº 3: ¡Puedo continuar? Decía que iba por ahí diciendo que también me cagaba en la cama…

HIJO DE PUTA Nº 2: ¡Incontinencia fecal! Jajajaja.

HIJO DE PUTA Nº 3: ¡Vaya! Parece que tenemos aquí un médico. Y además guasón.

HIJO DE PUTA Nº 2: No, no soy médico, pero me gusta ilustrarme, por eso leo todo lo que cae en mis manos.

HIJO DE PUTA Nº 1: Yo cuando era joven, no sé, sobre los 30 o así…

HIJO DE PUTA Nº 3: Para ti ser joven debe ser hasta los 200…

HIJO DE PUTA Nº 1: Vale, corrijo y vuelvo a comenzar, si te callas la boca unos minutos. Yo cuando entraba en la madurez, sobre los 30, sufría unas dolorosas erecciones cuando contemplaba un árbol. Al principio…

HIJO DE PUTA Nº 3: ¡Dendrofilia! Jajajaja.

HIJO DE PUTA Nº 1: Cuando veía un árbol dibujado por una anciana o un anciano.

HIJO DE PUTA Nº 3: ¡Gerontofilia! Jaja…

HIJO DE PUTA Nº 1: Te juro que como vuelvas a interrumpirme con risotadas será la última vez en tu ilustrada vida que lo …

HIJO DE PUTA Nº 2: Espera, ¿quieres decir que ya no puedes controlar tus impulsos?

HIJO DE PUTA Nº 1: ¡Claro que puedo! ¡Este tipo va acabar por desquiciarme! Bueno, continúo. Os comentaba que al principio la cosa no era demasiado grave, pero llegó un momento que no pude llegar a controlarme y acabé violando con cierto salvajismo una acuarela sobre cartulina delante de su creadora, que entonces sobrepasaba los 98 años. Eso supuso un cisma entre mis dos personalidades dominantes y tuve que alejarme de la gente y refugiarme en una casita que alquilé en el campo. Allí mejoré y como las cosas empezaban a tomar un camino más o menos sensato, acabé comprándome dos pares de ovejas merinas y me hice criador.

HIJO DE PUTA Nº 3: Dirás ganadero. A mí me sucedió algo parecido. Me hice rico antes de cumplir los 25. Las mujeres se pegaban por obtener mis caricias, pero a mí sólo me interesaba comérmelas. En aquellos días todavía no sabía leer los mensajes visuales por lo que no pude eutanasiar a ninguna. Todavía tendrían que pasar dos décadas hasta que cometiera mi primer acto de bondad. Se llamaba Críspula y era tan preciosa. Su carne tenía cierto regustillo a bisonte, pero me comí sus brazos y una de sus piernas. Cuando acabé ofrecí el resto, debidamente asado y condimentado a mis vecinos, que me felicitaron efusívamente. Nunca comprenderéis cómo me sentí tras liberarla de…

HIJO DE PUTA Nº 2: ¡Cállate! ¡Me vas a hacer llorar!

HIJO DE PUTA Nº 1: ¡O vomitar!