Email del 4 de mayo 2013

Sabhan Adam. Untitled (2003)

Amiga:

Nacemos dotados de una serie de cualidades innatas proporcionadas por los fragmentos de ADN instalados y organizados en los cromosomas, pero al reprimirlas por medio de la negación racional, percibimos una sensación aflictiva denominada dolor. Sea este, o no, el resultado de la ignorancia, se advierte claramente que tras esa cortina entrelazada con sufrimientos y angustia, desde un punto de vista metafísico, se esconde una incapacidad total para alcanzar la felicidad; ese estado de ánimo que nos es desconocido, al que tratamos con temor y recelo y que nos desasosiega cuando se presenta de improviso.

Si fuésemos capaces de dejar de lamentarnos por un momento -apelo a los individuos que como yo han cruzado esa puerta sin retorno- advertiríamos con cierto regocijo que, gracias a ese sufrimiento moral, emocional, y en definitiva, de la esencia o naturaleza, adquirimos conocimiento, tolerancia y energía. Con esto no estoy tratando de componer un mini-alegato en contra de los que disfrutan su felicidad y la de sus allegados con una sonrisa tranquila y serena, sino que trato de poner a ambas posiciones en el lado que merecen, que no es otro que  sobrevivir a cualquier precio. Pero si vas por ahí cantando mantras a Visnú, alimentando tu cuerpo y espíritu con posturas de yoga o incluso encendiendo velas votivas a Cristo redentor, lo mejor es que tomes conciencia de que este interminable Todo y Nada que es la existencia, en la que actuamos obligados por un director escénico demente y peligroso, siguiendo un guion mal escrito y repleto de inconsistencias, es el merecido castigo que la involución biológica nos impone por habernos creído solemnes.

Un abrazo.