Email del 21 de junio 2022

Odd Nerdrum. Shit rock (2001)

Hola:

Como no me ha sucedido nada que pueda considerarse interesante desde que te envié el último email, voy a tratar de contarte lo poco que conozco sobre un tipo irrepetible dotado de una mente privilegiada que, aunque trabajó toda su vida para tratar de facilitarnos el futuro, prácticamente nadie conoce. En resumidas cuentas, este texto no es mas que otro capítulo de esa serie de mini-biografías que de vez en cuando escribo para demostrarte la abundancia de conocimientos que he adquirido desde que decidí afeitarme la cabeza.

A finales de la década de 1830, el gran escatólogo armenio Anoushavan Gasparián (1767-1849) realizó un descubrimiento sorprendente: la materia fecal huele. Hasta ese momento se pensaba que las heces sólo atufaban, por lo que dicha teoría causó un gran revuelo. Para acallar el escándalo, el rector del Colegio Nacional de Escatología Armenia se vio obligado a publicar un desmentido oficial que tranquilizó hasta cierto punto el ánimo del sector más reaccionario de la corporación oficial, constituida por el resto de colegiados y sus ex amantes. En dicho texto se intentaba demostrar la nulidad del verbo «oler» con respecto a cada una de las funciones corporales excrementales y, si bien se aceptaban los sinónimos «apestar» y «heder», se resaltaba con especial énfasis que la palabra correcta era «atufar», y que cualquier signo de cambio sería tomado como una intromisión inmoral y ultrajante. Ante esta disyuntiva Anoushavan decidió realizar un experimento que demostrara de una vez por todas que él tenía razón y el resto de vetustos colegas nadaban en la inopia del conocimiento. Lamentablemente su examen práctico fracasó y se vio obligado a admitir que su teoría era errónea.

A partir de este punto, la biografía de Anoushavan se vuelve confusa. Se sabe que solicitó el divorcio de su mujer pero que le fue denegado porque no estaba casado y que poco antes de morir se tatuó un epitelio intestinal en la espalda, pero ni siquiera se conoce el lugar ni la fecha exacta de su defunción, aunque se sitúa en la ciudad de Yeranos, en el verano de 1849. El resto son conjeturas.

Me gustaría que este minúsculo texto sirviera de reconocimiento a esa mente extraordinaria, ese heterodoxo incomprendido que intentó luchar con todas sus fuerzas contra la maquinaria establecida, corrompida por los designios de la estrechez racional más retrógrada y tradicionalista, apegada como una lapa a un inmovilismo pervertido repleto de contradicciones e incoherencia que, lejos de impulsar la inteligencia como prodigio meramente humano y casi divino, la arrastró hasta unas cotas de vileza decadente de la que tardaría décadas recuperarse.

Saludos