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Picasso, «Le printemps» (1956)
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Buenas:
Tras largas horas de meditación, he llegado a la conclusión de que las cabras, corderos y ovejas pueden padecer serias psicopatías mentales, desde neurosis obsesivas hasta severos trastornos de la personalidad o incluso esquizofrenia caprina. Ayer estuve leyendo un magnífico estudio sobre el tema titulado «Los artiodáctilos neurasténicos» de un tal Norbert Von Kreuzpaintner en el que se explican concienzudamente las razones de estos desordenes, y se citan casos recopilados por todo el mundo durante más de 19 siglos. Gracias a este libro, he podido saber que si le cantas una ranchera a una cabra mientras está ovulando, hay más de un 95 % de posibilidades de que padezca picores vaginales de por vida. También he aprendido a distinguir un borrego de un humano sólo con escuchar el ruido que hacen al pastar. ¿Sabías que las ovejas son muy sensibles a los chistes sobre monjas? ¿Y que la primera cabra hebrea se llamó Batsheva Eliora, aunque los jaredíes la llamaban simplemente Eli, que en sefardí significa «la gran ramera que nos impide concentrarnos mientras hacemos las flexiones matutinas»?
Según leo en el capítulo 32, posiblemente el más entretenido, durante la invasión napoleónica los soldados rusos se entrenaban para el combate disparando cabras con un tirachinas gigante y sólo ganaba el que podía encajar una en lo alto de una conífera sin sentir remordimientos. Aunque lo que más me ha fascinado ha sido descubrir que el mismísimo Sigmund Freud trató en el año 1923 a un recental depresivo y más tarde se lo comió a la parrilla, aunque parece ser que no le sentó del todo bien pues le produjo un fuerte dolor abdominal y gases intestinales.
En resumidas cuentas, amiga mía, ayer me pasé cerca de seis horas enfrascado en la lectura y hoy me encuentro en condiciones de afirmar con total rotundidad que sé un poco más sobre bóvidos de lo que sabía antes de ayer y cientos de veces más de lo que pueda saber un saboteador de ferrocarriles o un traficante de alfalfa. ¡Me encanta aprender! sobre todo si me regalan los libros.
La verdad, desconozco la razón por la cual he sacudido tu conciencia, ya de por sí bastante golpeada, con un tema tan banal e intrascendente y que supongo te interesará bien poco. ¡Cómo se me ocurre hablarle sobre corderos a una vegana ultra ortodoxa! En realidad, yo pretendía discutir contigo sobre un tema mucho más trascendental: las temibles fracturas de cóccix; pero creo que no es el momento adecuado. ¡Ya dispondremos de tiempo! Ahora te dejo, tengo que limpiar el polvo de la casa y voy a utilizar por primera vez una bayeta Vileda semiabsorbente con microfibras elásticas que hurté el otro día en una mercería. Lo que realmente quería robar eran unos leotardos de algodón, pero debido al nerviosismo y a que la dependienta no dejaba de mirar mi calva, me metí en el bolsillo por error el dichoso trapito, así que, como comprenderás (tú entiendes todo), voy a intentar sacarle partido.
Besazos
PS: Acabo de empezar a leer por el final un vademécum sobre enfermedades cardiovasculares: me queda tanto por aprender…
