Email del 9 de diciembre 2011

Wosene Worke Kosrof, «The Color of Words IX»

Querida:

Parece que sólo hace un par de minutos que te escribí contándote lo que hago los viernes, día de mercadito, y ya vuelve a ser otra vez el último de los días laborables y el último día de la semana que acaba en S. Yo mismo, no hace demasiado tiempo, acabé también en S, aunque la verdad, sobre este tema prefiero correr una espesa mantilla -odio eso de «tupido velo»- Por cierto, también odio la palabra «rozagante» porque al pronunciarla se me caen los pantalones, aunque sólo existe un vocablo que verdaderamente pueda llegar a sacarme de mis casillas: «tetrafalangarcia». La última vez que lo pronuncié mi cuerpo se paralizó de repente y mi perra «Tita» aprovechó para robarme el croissant que me estaba comiendo.

Ya que me he liado con el tema de las palabras raras y poco usadas por la plebe, me gustaría que te fijaras en las siguientes:

1- Socaliña.
2- Insuquicia.
3- Cristomatía.

Uno de ellas me la acabo de inventar y te desafío a que la encuentres sin usar el diccionario o Google. Voy a dejarte la definición de dicho palabro para que te des cuenta de una vez por todas con qué clase de tipo estás hablando (o escribiéndote).

DEFINICIÓN PALABRA INVENTADA: Estimulación o manipulación de los órganos genitales o de zonas erógenas para proporcionar goce sexual. Masturbación.

Como me imagino que no habrás acertado a la primera, voy a repetir el juego (hoy me siento verdaderamente gamberro):

1- Prez.
2- Apropincuarse.
3- Balama

DEFINICIÓN SEGUNDA PALABRA INVENTADA: Orificio respiratorio externo de muchos artrópodos terrestres y peces elasmobranquios.

Cómo acabo de demostrarte mi vasto vocabulario y al mismo tiempo me he pegado un vacile sabrosón, voy a terminar de vestirme y a andar un rato por las calles llenas de gente; me encanta practicar ese poco conocido deporte llamado » rodeo geriátrico»,  del que soy el máximo exponente. Ya sabes, consiste en caminar a paso firme por las aceras, esquivando a los abuelitos lentos sin que éstos lo adviertan y sobre todo, intentando llegar lo más rápido posible al destino final, que generalmente es el hogar, aunque a veces puede ser la panadería, el banco o incluso un club de alterne. Por supuesto, derribar a un anciano penaliza y entonces, además de llevarme un garrotazo en la cabeza, debo volver a la línea de salida, con lo cual pierdo tiempo y puntos.

Saludos.