Hola:
La disertación sobre el Yo se me está atragantando, te explico: si trato el tema ontológicamente, que es lo que estoy tratando de hacer, acabo pareciéndome a un teólogo retrasado mental, si por el contario adquiero un punto de vista moral con ciertas connotaciones absurdas el resultado es una especie de chiste surrealista y algo extraterrestre. He escrito unas versiones cortas, casi unos apuntes de cada una de estas formas y ninguna me satisface. Estarás de acuerdo conmigo en que el tratamiento serio del Yo Soy implica hasta cierto punto un acercamiento a las circunstancias individuales; el problema es que como nihilista profesional, ese acercamiento me resulta inadmisible o por lo menos bastante irreal. Está claro que puedo hacer un tremendo esfuerzo mental, ayudado con algunas dosis de diazepam y alcohol y creer por un instante que el Yo Soy es una representación del Ser como entidad propia inalterable e independiente, pero entonces dejo de ser por un momento lo que se supone que Soy y me convierto en algo que No Soy, por lo tanto dejo de Existir. El problema estriba en que, aunque dejo de Existir, no dejo de pagar facturas, con lo cual Si Existo, pues éstas, desafortunadamente no se pagan solas. Entonces, entre el hecho de Existir y No existir, ciertamente tiendo a quedarme con Existir sin pagar las cuentas, con lo cual me arriesgo a un embargo.
Supongamos por un momento que el Ser no existe, luego el Yo Soy es una utopía, una forma de justificar el medrado intelecto. Si esta última frase resulta verdadera, filosofar es una demencia. Yo intento filosofar y a veces estoy seguro que no soy un loco furioso, entonces sí que puedo llegar a la terrible conclusión de que No Existo. No sé si me entiendes. Te pondré un ejemplo: imagínate un tallo de rosal cortado y tirado en el suelo, paso por encima con los pies descalzos y me clavo una espina, sangro y me cabreo por mi estupidez. Existen los zapatos. Pero si hubiera caminado con los pies protegidos por una sandalia o unos botines de piel de camello, aunque hubiera pisado ese mismo tallo, no habría reparado en él, luego a mis ojos no existiría.
Desde luego nadie puede dejar de apreciar las ventajas de No Existir: no aguantas conversaciones estúpidas, no cotizas a Hacienda, no tienes que pensar en un entierro mientras haces el amor para aguantar unos minutos más, tus células no se vuelven esquizofrénicas y te regalan un bonito cáncer, etc. Si no fuera porque en estos momentos oigo a todo volumen la televisión del vecino, pensaría que No Existo, luego No Soy; es más, si no tuviese mañana que desplazarme a insultar al director de mi banco, estaría convencido de que Nada existe y Nada Es.
Creo que después de que leas mis torpes explicaciones me aconsejarás que cambie de tema; quizás un discurso escrito sobre las consecuencias de la muerte en un paso de cebra o un tratamiento ético y puro sobre el acto de la constricción del pene bajo coyunturas adversas. No sé… es posible que realmente no exista y estas palabras desunidas sean el resultado del sueño de una bacteria primitiva escapada a toda velocidad de la sopa primigenia.
Besos
