Querida amiga:
Mi libro de autoayuda «100 maneras de rascarse una rodilla» está muy adelantado y supongo que podré entregarlo al editor a finales de enero. Espero que con éste gane un poco de dinero pues el anterior, «50 formas de limpiarse las orejas», no sólo fue un absoluto fracaso sino que hizo quebrar a la editorial.
Como conoces a varios ensayistas, poetas y novelistas, no hará falta que te explique lo difícil y arrastrado que es el mundo de la creación literaria, sobre todo el universo de los editores, esos seres sin alma que desayunan bebes neonatos fallecidos por hipoxia fetal y café con vitriolo y que sólo pueden articular cinco palabras cuando aben la boca: ¡esto es una puta mierda!
Cada vez que mis dedos se posan sobre una tecla no puedo dejar de pensar en un amigo mío que, harto de bajarse los pantalones y de llorar para que le publicaran un diccionario equino-humano y humano-equino, decidió hacerse político, y hoy en día es una de las caras más insulsas pero que más salen por tv, ya sea visitando a los ancianos de un burdel o a las prostitutas de una residencia.
Una cosa es segura, éste es mi último intento en el ámbito de las letras y el humanismo: si no consigo llegar al top 25 del Fnac o al 26 del Corte Inglés empaquetaré todas mis pertenencias en una talega y me iré a ver mundo montado en una vaca. La res ya la tengo, me toco en un sorteo agropecuario y la he bautizado como Penélope; es de raza mostrenca, su cara no es demasiado agraciada y tiene un cuerpo muy poco estilizado pero, francamente, lo prefiero así, no quiero que nadie nos juzgue en términos zoofílicos o de índole bestial.
Ahora, ya casi al final de este inconexo mail, me gustaría saber de ti: ¿cómo va tu vida? ¿te has cambiado ya de casa? ¿encontraste por fin el vibrador de cuatro velocidades que te desapareció misteriosamente el mismo día en que operaron a tu perra «Lilith» de hemorragia vaginal?
Preciosa, tengo que seguir pensando y trasladando las ideas al papel, hoy por hoy no tengo otra forma de justificar mi existencia, y una vida sin justificación es como un mosquito afeminado.
Un beso
