Email del 12 de Septiembre 2011

 Juan Genovés, «Secuencias» (1999)

Querida amiga:

Los grandes labios de la indiferencia han bramado todas sus falacias acumuladas durante periodos de tiempo indeterminados; señaladas con el claro propósito de diferenciar las trascendentes de las irrelevantes y, en el caso de que exista penitencia o punición a pagar con deseos indulgentes en el ciclo que dura una condición consignada para establecerse, para asentarse y fructiferar lidiando los sobresaltos y temores que, incrustados sobre texturas indefinibles, puedan originar.

Esos labios rojos y lustrosos que lejos de inclinarse y tragar líquido secretante necesitan regurgitar palabras todavía no proyectadas sobre los hombros indolentes del sujeto que ríe mientras clava la mirada en una zona prohibida, con espíritu rijoso y provocador al mismo tiempo que con una mano obliga al deseo impuro a someterse y vilipendiarse a la complacencia más inútil, al capricho inacabado de los que dominan las casualidades forzadas.

Carnosos, agrietados y concupiscentes, esos labios infames y alevosos regalan besos mojados y acuosos a los sujetos que no se mueven en la rueda del tiempo, pues dotados con esporas volátiles y absolutamente maleables, sincronizan sus desidias e incorporan los anhelos, reuniendo en torno suyo un sinfín de calmosas turbaciones que nada más esperan lo que nadie supone.

No pienses que mi cordura me ha abandonado definitivamente, sino que nunca la he tenido durante más de un microsegundo.

Besos