Email del 1 de Octubre 2011

Max Beckmann, «Retrato de familia» (1920)

Querida amiga y senadora de la honestidad:

Mi vecina del segundo tiene artritis reumatoide y principio de esclerosis múltiple. ¿Te preguntarás cómo tengo acceso a información tan intima? Ella misma me lo cuenta o mejor dicho, lo cuenta a la comunidad de propietarios entera y posiblemente a gran parte del barrio. Esta mujer de unos setecientos años tiene una voz prodigiosa que haría palidecer de envidia a la mismísima María Callas. Las conversaciones con sus visitantes o victimas auditivas se pueden escuchar incluso con la tv puesta y la lavadora centrifugando. Te transcribo la que acabo de oir hace un rato:

VECINA: Ay Marujita, menos mal que me has comprado las sardinas porque yo con esta artritis no puedo ni levantarme, Ay. AY. AY.
MARUJITA: Pues para ir al bingo sí que puede, la ví ayer entrando por la puerta.
VECINA: ¿A mí? Seria a Emerenciana, dicen que nos parecemos mucho de lejos…..
MARUJITA: ¿Pero si Emerenciana tiene 35 años?
VECINA: ¡Es verdad!, ¡Es verdad! Calla, que no me acordaba. Sí. Sí. Entré al bingo a comprar tabaco, ahora me acuerdo.
MARUJITA: ¿Pero si usted no fuma?
VECINA: Era para Adolfo, él no podía salir y me pidió si yo podía comprar…..
MARUJITA: ¿Pero si Adolfo lleva 23 años muerto?

Por si esta clase de contaminación acústica no fuera suficiente, mi vecino de al lado se está entrenando para el concurso provincial de regüeldos (¿o será nacional?), porque no para de eructar a todas horas: o eso o es que es un facóquero. Ayer conté 72 y antes de ayer 47; pero lo que más me fastidia de esta situación son las risitas bobaliconas de su mujer y sus hijos retrasados mentales después de cada asquerosidad del padre de familia. Es normal que cada día el número de eructos se incremente; de seguir está progresión, me imagino que en un par de semanas este hombre se habrá quedado tísico y su mujer se habrá liado con el cartero, que tiene cuerpo de descargador de muelles y rostro de sapo desequilibrado. Para que te hagas una ligera idea de la demencia que se respira es ese hogar, te dejo unas muestras:

PADRE: (Eructo brutal que hace moverse las paredes) ¿Qué os ha aparecido este? Jajajajaja ¿Ha sido bueno, eh?
MUJER: Jajajajaja, Fermín, vas a derrumbar el edificio, jajajaja.
PADRE: (Cuatro eructos seguidos y una flatulencia) Tomaaaaad, esto es para vosotros. Jajajajajaja.
HIJO 1: (Dos flatulencias entrecortadas) Joder, casi me cago.
MADRE: Joselito no seas mal hablado que te pego una hostia.
PADRE: (Dos flatulencias impresionantes) Soy el mejoooooor. Soy el mááááás……
MUJER: Guarro, el más guarro, jajajajaja.
HIJO 2: Mamáááááá, ¿donde esta mi gayumbo rojoooooooo con florecitas verdes donde descansa el nabo?
MUJER: Creo que está encima del tronquito del Brasil, mira a veeeeer.
PADRE: (Eructo sensacional que seguramente ha sido escuchado en Afganistán) Tengo que cortarme un poco, coño, igual lo van a oír los putos vecinos, jajajajaa.

Ante semejantes marranos y semejante nivel de estupidez, sólo tengo dos opciones: la primera sería denunciarlos a Sanidad, pero me temo que no serviría de nada, pues cuando comenté el asunto con otro vecino de otra finca, me respondió que estaba seguro de que ese fulano trabajaba allí. La segunda pasaría por introducirme en su hogar una noche mientras todos duerman y sellarles el culo y la boca con silicona. Mientras barajo la mejor opción voy a tratar de pensar en praderas verdes y caballos corriendo libres al viento o paisajes similares; cualquier cosa que me abstraiga de los mugrientos guarros que tengo al lado y de los cuales sólo me separa una estrechísima pared de ladrillos del nº 6.

Besos