Hola:
Hace un par de días que no te escribo, pero tengo un buen motivo. El sábado, mientras intentaba apretar con los brazos los desperdicios de la basura para que cupieran unos cuantos más sin tener que utilizar otra bolsa, me fracturé la mano derecha y no sabes lo complicado que resulta teclear con la nariz. Además, a esta desgracia, puedes sumarle que estoy dejando de fumar por decimotercera vez en lo que va de año y me encuentro sensiblemente tenso e increíblemente vacío intelectualmente, por lo tanto éste y los siguientes mails serán cortos y sobre todo, sencillos e inocuos.
Al mismo tiempo que intento alejarme del completamente idiota y caro vicio del tabaco, voy a tratar de corregir algunas cosas en mi forma de ser que no acaban de convencerme, como por ejemplo, la manía de mover el hígado cuando alguien cuenta un chiste malo. Estoy convencido de que no existe nada más importante en la vida de un ser humano o en la de un víbora asiática de Russell que la auto-corrección de los defectos, sean éstos alabados o repudiados por el resto de congéneres. Envejecemos para aprender y aprender implica ensayo, rectificación y cambio y no como algunos creen, barriga, pensión y tacatac.
Querida, como te he explicado en las primeras líneas de este texto, tecleo con la nariz y a veces, cuando fallo, con una ceja, con lo cual no sólo se hace eterno escribirte, sino que como voy tan sumamente lento, tiendo a olvidarme de lo que quería expresarte. Eso sin contar el estado en que está quedando mi súper silencioso, confiable y rápido teclado Logitech Wave, lleno de mocos, saliva y pelos.
Besos
