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| Solana, «La visita del obispo» (1920) |
Hola cielo:
Bueno, dentro de unos días haremos uso de esa pequeña farsa llamada «libertad individual» y elegiremos a un político para que nos gobierne, básicamente porque como idiotas sin futuro que somos, necesitamos seguir líderes, aunque algunos sepamos desde hace bastantes años que ese pensamiento distorsionado e infantil, lo único que pretende es ocultar nuestro deseo de supervivencia a cualquier precio. Nos vendemos baratos, quizás porque somos rameras de la peor calaña y, mientras lo hacemos, pensamos en nuestra familia, que a su vez se prostituye para superar las mismas bajezas que nos hacen humanos.
Imaginar que nuestro voto, sea cual sea, nos va a salvar de la continua y adictiva imbecilidad que con tanto talento fabricamos, es como creer que la luna cabe un bolsillo. Si existe algo más peligroso que un humano, son varios humanos juntos en comandita. Imagínate el poder de un grupo de memos unidos en torno a un líder; imagínate la fuerza descomunal e imparable que pueden desarrollar para corromper, vilipendiar, arrasar, destruir, malinterpretar o cualquier verbo terminado en ar, er o ir que se te pueda ocurrir.
Afortunadamente, la demencia de mi cerebro, que a estas alturas ya ha corrompido mi cuerpo y parte de mi alma, no impedirá que el próximo día veinte me ría hasta enfermar, mientras contemplo desde la ventana a cientos de papanatas con el corazón henchido de esperanza y un voto en una mano, dirigirse a manufacturar otros cuatro años de indecencia política, que en algunos aspectos, y estoy convencido, rayará la absoluta criminalidad.
A estas alturas de mi vida, mientras aprendo lo que puedo y me hago viejo, no puedo dejar de experimentar cierto desasosiego cuando pienso que uno de los valores fundamentales de la sociedad se basa en creer que algún cenutrio impotente y las mulas trotonas que formen su partido podrán sacarnos de ese atolladero fundamental en el que VOLUNTARIAMENTE nos hemos metido; y pensando positivamente, por los siglos de los siglos de los siglos.
Besos, chata.
