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| Paul Gauguin, «El jamón» (1889) |
Hola corazón:
Tú y yo (y mis moscas domesticas) sabemos que la alimentación es la base de la vida, pero para nutrirnos, antes debemos comprar (o robar) la comida y para que podamos comprar y comprar y comprar los supermercados nos preparan filas y filas y filas interminables repletas de productos poco naturales, pero que gracias a los conservantes pueden durar hasta varios años. Por ejemplo: los botes de tomate triturado, gracias a los cientos de aditivos que poseen pueden conservarse perfectamente hasta el Big Rip. Hoy es miércoles y me toca ir a comprar, pues mi nevera está tan vacía que cuando la abro sale una carcajada. Todavía no he decidido si iré a Mercadona o al DIA, pero ¿qué importa eso? El primero es más grande pero sus cajeras suelen tener bigote; el segundo es más limitado en productos, pero te tratan mejor, por lo menos a la hora de clavarte la cuenta. ¡Dios!, parezco una maruja de 74 años. ¿Pero qúé es lo que me está pasando?
Te estoy escribiendo estas desacompasadas pero sinceras líneas y al mismo tiempo intento acordarme de los productos que necesito; creo que debería escribirlos en una lista, pues la última vez que me atreví a memorizarlos no compré ninguno de los que necesitaba. A ver: huevos, leche, pan -no, el pan de los supers es asqueroso-, arroz, jamón serrano, jamón de york……Creo que los apuntaré en un papel, ¡por cierto! no me queda papel higiénico y ayer tuve que sustituirlo por la hoja de un ficus elástica.
Después de redactar la lista viene lo mejor, calcular el presupuesto e intentar que todas las referencias de la relación puedan ser adquiridas. El problema es que mi lista tiene 63 productos y mi presupuesto es de 24 euros. Francamente, ¡no creo que cuadre! Y a mi edad ya no me apetece ponerme a robar, más que nada porque con el Parkinson es difícil esconderse algo en los gayumbos sin que el 96 % de los clientes, reponedores, y cajeros no se den cuenta. Tengo un amigo que tiene un truco que nunca le falla. Antes de mangar el producto, pone la zancadilla a la abuela más vieja y decrépita que se encuentre en ese momento en el establecimiento y, mientras todo el mundo corre a ayudarla a ponerse de pie y recoger sus huesos, él aprovecha para vaciar media estantería y guardársela entre el jersey y la camiseta y por dentro de los pantalones. El que salga del establecimiento con cinco tallas más de cintura parece que no suele importarle a nadie, en esos momentos muy ocupados haciéndole el boca a boca a la anciana.
Bueno, ¡se acabó! Voy a ponerme los zapatos y me largo a Consum. Que tengas un buen día y que los hados te protejan, por lo menos de la lluvia.
XO
