Cuarto email del 22 de noviembre 2011

Glenn Brown, «International Velvet» (2004)

Breve tesis con sindéresis para comprender la emesis

Hoy es el cuadragésimo noveno aniversario de mi primer vómito, también llamado emesis. Tendría unos siete meses cuando devolví un potito Bledine de carne y verduras, seguramente para probar cómo se hacía, pues a esa tierna edad yo ya era un experimentador nato. A esa primera regurgitación le han seguido bastantes más, yo diría que unas catorce por año, aunque en 1987 arrojé la papa más de cien veces, la mayor parte de ellas, después de soportar sudores fríos. Como vomitador profesional estoy en condiciones de disparatar sobre este tema sin que el resultado de mis divagaciones pueda llegar a resultar innecesariamente repugnante para el posible receptor.

 Existen tres tipos de emesis:

1) Natural. Cuando de manera fortuita una náusea desemboca de forma violenta, eso sí, en una expulsión de mierda detrítica que nos hace sentirnos relajados y felices una vez pasada la fase convulsiva.

 2) Provocado. Cuantas veces nos habremos introducido los dedos para vomitar los tres litros de sangría que nos sentaron realmente mal… Algunas mujeres, y cierto número de hombres, prefieren provocarse el vómito introduciéndose un pene erecto de más de 18 centímetros en la boca, pero esa es una forma excepcional y no catalogada sobre la cual no merece la pena extenderse.

 3) Por enfermedad. Existen innumerables dolencias cuyos síntomas pueden hacer devolver hasta los intestinos a quien las padece. Por ejemplo, el cáncer de axila o el tumor emocional. Pero como no soy galeno, prefiero no dar detalles y escurrir el bulto.

Si hemos de creer las palabras del doctor Konstantin Bondarchuk, catedrático de psicología espasmódica y gerente de la clínica Счастливым условием de Volgogrado, el hecho de vomitar implica acercarse a la naturaleza salvaje y al mismo tiempo aproximarnos al altísimo pues, según su teoría, Dios nos creó no con barro, sino con su propia bilis sagrada, sacrosanta y divina, y después del vómito supremo del que surgió la vida, se sintió indispuesto y se tomó un Almax forte. Está claro que los cristianos fundamentalistas abominan de esta teoría, pues la tildan de demente y atea; algunos incluso han llegado más lejos y han aprendido a hacer vudú por correspondencia con el simple ánimo de provocar a esta ilustre eminencia rusa una colitis ulcerosa que lo envíe directamente al nicho, aunque a fecha de hoy se desconoce si esas prácticas aberrantes han surtido algún efecto.

Puede que cierto número de lectores hiperestésicos sientan una total aversión por este tema y preferirían estar leyendo un tratado sobre «Cómo llegar a la perfecta felicidad indescriptible por medio de la sodomía y el beso negro» o cosas parecidas, antes que enfrentarse a este texto sobre los efectos de las malas digestiones, la acidez de la comida mal digerida y la disminución de los electrolitos; pero me es indiferente. De la misma manera que odio con todas mis fuerzas las letras de las canciones de amor, aborrezco los relatos que ensalzan la blancura inmaculada sobre la oscuridad tenebrosa y decadente. ¿Acaso no vomita todo el mundo?

Hace aproximadamente quince años, astrofísicos del observatorio de Javalambre descubrieron cerca de la galaxia espiral barrada NGC 4921 situada en la constelación de Coma Berenices, un vómito de dimensiones espectaculares que flotaba indolente entre el polvo sideral y que fue bautizado como «Vomito perturbador gaseoso» y que hoy es motivo de encendido debate entre los eruditos y astrónomos de prácticamente todo el mundo, excluyendo a los investigadores de Namibia, que están convencidos de que es una hipótesis retrógrada y verdaderamente reaccionaria, pues ellos aseguran que esa regurgitación astral no es más que una porción de las heces colíticas del dios Unchulogu, el ser supremo al que durante siglos han sacrificado millones de bueyes para apaciguar el alma de los muertos.

Por último y para terminar con esta perorata altamente avanzada, desearía recomendar los siguientes libros a todo aquel que se sienta seducido por el tema y que, lejos de cerrarse en banda ante hechos demostrados científicamente, necesite iluminar su intelecto y al mismo tiempo justificar su existencia aprendiendo mientras -de alguna forma- envejece.

5 LIBROS Y TRATADOS ESENCIALES:

1) Vómito sanctus (escrito en el siglo XIV por Erasmo Casiodoro)

2) Neologismo biliar (autor desconocido, probablemente escrito a finales del siglo XIX)

3) Tratado cosmológico pluscuamperfecto (Alfred W. Black, publicado en forma de manuscrito en 1832)

4) Vida intima de un quark (del sacerdote y astrónomo belga Édouard Gotlib, editado por «Ciboulette verte Editions» en 1932)

5) Astrocartografía y gastritis (Emiliano Pérez Sandoval, escrito en 1977 y prohibido en la UE)