Email del 22 de diciembre 2011

Hugo van der Goes «La Caída» (1480)

Buenos días querida:

Mis armarios roperos son de aglomerado y están bastante viejos y lo mismo le sucede a la ropa que guardo en ellos. Creo que debería ponerme al día y comprarme algunos trapitos, pero antes tendría que atracar un burdel para sacar algo de dinero. No es que siga a los gurús de la moda y tenga la imperiosa necesidad de vestir según las últimas tendencias (caray, como odio esa palabra), es que mi vestuario está tan anticuado como un discurso del líder del partido que ahora nos gobierna. Todo el dinero que me queda después de pagar facturas y comprar comida lo destino a comprar literatura, música y películas. Bueno, así en plural suena como si fuese un potentado, pero la verdad es que no puedo comprarme más de un libro o disco al mes, y si me estiro y me alimento de tortillas de patata, quizá dos o tres.

Algunas veces, he estado tentado de ligarme a una heredera gorda, fea y repleta de impurezas epidérmicas  y vivir del cuento a cambio de algún polvo nocturno de vez en cuando y abundantes y repentinos dolores de cabeza el resto de las noches. Eso suponiendo que no le guste fornicar por las tardes, antes de la siesta o al amanecer después de desperezarse como un mamut siberiano. Si no lo he llevado a la práctica es por mi fobia a dormir en somieres de metal reforzado y la aversión que siento hacia las fajas. Supongo que estarás pensando: ¿y por qué no te ligas a una heredera flaca, guapa y con un cutis de porcelana? La respuesta es sencilla: todas están casadas o se han hecho lesbianas después de convivir durante cierto tiempo con un hombre. Y las comprendo perfectamente: yo mismo no soporto a la mayor parte de los humanos de mi sexo. Sólo saben hablar de culos, futbol, culos, coches, culos, enseñar el pene por webcam, culos, o la cantidad de veces que son capaces de penetrar una vagina (y algunos culos) sin sacarla. Francamente, prefiero conversar sobre Leopold Stokowski, Gilbert Keith Chesterton o Alexandr Sokurov.

Recuerdo la última conversación con un típico macho alfa desconocido mientras hacíamos cola para sellar algunos boletos de la primitiva -¿o era bono loto?- en una administración de mi barrio:

MACHO: Joder, hasta para tirar la primi hay que hacer cola; y todo por esa vieja reumática. Lleva más de diez minutos en la ventanilla.
YO: Ainsss…
MACHO: Deberían poner ventanillas para las viejas.
YO: Ainsss.
MACHO: Odio a las viejas y a las putas ventanillas.
YO: Ainsss…
MACHO: Qué sucia está esa ventanilla, claro que comparada con la vieja….
YO: Ainsss….
MACHO: ¡Qué lenta es la puta vieja de los cojones! Y la tipa de la ventanilla debe ser manca, coja y muda por lo menos.
YO: Ainsss.
MACHO: Por cierto me llamo Ignacio y trabajo en un banco. En una puta ventanilla. No te imaginas la cantidad de viejas que pasan por delante de mi cada día…
YO: Ainsss…

Como habrás entendido, el tipo ese era una especie de José Antonio Rodríguez Vega (el asesino conocido como «el mataviejas») en ciernes, además de neurasténico ventanillofóbico de la peor calaña. ¡Neurótico y banquero! ¡Qué terrible combinación!
Afortunadamente, aún existen algunos varones con los que se puede mantener una conversación inteligente sin que poco a poco derive hacia las mil y una formas con las que se puede arrancar un sujetador con la boca o el orgasmo que se experimenta acariciando un árbol de levas totalmente desnudo.

En mi opinión, la testosterona, esa hormona esteroide del grupo andrógeno que fabrican los testículos, es la culpable del embrutecimiento mental del 97 % de la población humana masculina de este planeta. Por supuesto que las mujeres también la producen, pero en una escala menor y mucho más «controlable». ¡Putos mamíferos! En qué estaría pensando el todopoderoso cuando después de tirarse cinco días creando a diestro y siniestro dedicó parte del sexto a fabricar seres humanos por medio de costillas. ¡Normal que utilizara el séptimo día para descansar y tomarse tres valiums y un comprimido de Myolastan de 50 mg!

¡Y pensar que en otra vida fui la hetaira preferida de Alejandro Magno y a la única persona con la que discutió las ventajas o inconvenientes de deshacer o cortar de un único y certero tajo el nudo gordiano! Las reencarnaciones dan muchas vueltas; he sido metriacanthosaurio, cáncer de colon en un homo neanderthalensis, cortesana voluptuosamente atractiva y, actualmente, varón extraterrestre y cínico. Como no soy adivino, ignoro en qué me reencarnaré cuando muera de aburrimiento o sea vilmente asesinado por un inspector de Hacienda. Sinceramente, no me preocupa en absoluto.

Diez besos y cuatro abrazos.