Email del 4 de enero 2012

Email del 4 de enero 2012

Querida:

¿Qué te van a traer los reyes? Yo he pedido un café con leche. ¡A ver cómo me lo traen sin derramarlo por la azotea! La verdad es que estuve tentado de pedirles que uno de los tres me hiciera un Lomi-lomi, ya sabes, un masaje hawaiano combinado con una sesión de musicoterapia, pero entiendo que ésto les retrasaría y algún pobre niño podría sufrir las consecuencias desarrollando una futura psicopatía.

Si tiene algo de bueno estar a diez días de cumplir los cincuenta es que prácticamente he dejado atrás las putas fiestas navideñas y todo lo que éstas conllevan (turrón, zambomba e indigestiones) y una nueva primavera se vislumbra; claro que antes de llegar a ella tendremos -los valencianos- que pasar por esa fiesta vomitiva y fascista, llamada Fallas, por los acólitos que la defienden, y «Rita imitando a un otárido en el balcón del ayuntamiento», por los seres racionales que las odian. Afortunadamente, aún quedan poco más de dos meses, así que he decidido volver a escribir en el blog y sobre todo empezar un pequeño libro de cuentos al que titularé » Relatos terapéuticos y descontracturantes». Ya casi tengo pensado el argumento del primero: un yacaré sedado micciona delante de una garza mora (Ardea cocoi) provocándole una alteración nerviosa por la que queda incapacitada para dar saltitos mientras piensa en el futuro. Está claro que no es un argumento como para ser digno de un premio tipo Príncipe de Asturias, pero estoy seguro de que una vez desarrollado, junto a los otros diez relatos de corte similar de los que constara el volumen, levantarán mi ego hasta límites insospechados y si, de paso, levanta mi cuenta bancaria, bastante adormecida actualmente, el asunto puede llegar a ponerse realmente interesante.

En fin, no me enrollo más, aún tengo que ducharme y untarme con la crema revitalizadora de Loreal antes de salir pitando al médico de cabecera para intentar convencerle de que él es guapo y la vida bella, pues está pasando una mala racha y últimamente fantasea demasiado con un posible suicidio. Mañana, si empiezo a ganar confianza, te escribo otro email más largo y menos imbécil que el que, supongo, acabas de leer (o experimentar).

Besos.