Segundo email del 25 de julio 2012

Antoni Tapies, Materia en forma (1968)

Hola por segunda vez, amiga mía:

Acabo de mantener una acalorada conversación con una mancha de humedad que vive en en una de las paredes de mi salón-comedor y te puedo asegurar que si exceptuamos la que mantuve con la comadrona el día en que ayudó a traerme al mundo, ha sido la charla más estimulante y la que más me ha abierto los ojos de cuantas he mantenido a lo largo de mi achacosa vida. La cantidad de temas que hemos abordado es sencillamente alucinante. Empezamos charlando sobre pinturas bituminosas impermeabilizables y acabamos discutiendo a gritos sobre fornicación y contubernio. Entre estas dos importantes cuestiones, discutimos otras como la nacionalización de los excrementos, el clero y sus misterios o por qué extraña razón todo lo que sube acaba inevitablemente bajando, a excepción de ciertas primas de riesgo o el pene de Nacho Vidal. Por supuesto, amenizamos el dialogo tomando unos aperitivos: yo comí unas galletitas saladas mientras sorbía una copita de Ballantine´s y Monique, que es cómo se llama el desconchón, optó por un poco de enduido plástico.

¿Es posible que un humano (infrahumano para algunos) como yo pueda estar completamente enamorado de un hongo de pared? Y más si tenemos en cuenta que sólo lo conozco desde hace un par de horas. Ah… Monique, Monique, qué nombre tan bonito; me recuerda al cielo de color turquesa que descubrí cierto día en que tropecé con una avellana que alguien en un descuido había dejado tirada en el suelo y me golpeé la cabeza con la esquina de un armario zapatero. Como el armario no era mío, y teniendo en cuenta que el tremendo cabezazo produjo serios desperfectos, su dueña, enormemente cabreada, me obligó a practicarle un cunnilingus de urgencia para relajarla. Así que sangrando por una sien y con un dolor de cabeza espectacular no tuve más remedio que poner mi lengua a trabajar. Bueno, el caso es que cuando acabé la faena, y mientras trataba de desalojar algo imprevisto entre mis dientes, me apoyé sobre el marco de una ventana y es cuando vi ese cielo, esa gloria celeste que me recuerda a Monique.

Es posible que pienses que estoy irremediablemente trastornado o simplemente que el tiempo libre es un veneno para cierta clase de tipos como yo. No te equivoques: Monique existe y pienso desposarla y permanecer a su lado hasta que la muerte u otro desconchón más extenso y atractivo nos separe. El único problema que en verdad me atosiga en estos momentos es que hasta dentro de 2 años no cumple los 18, por lo tanto es una mancha menor de edad y de momento no me siento con fuerzas suficientes como para meterme en problemas con la ley o con el gremio de drogueros. Claro que siempre podríamos mentir acerca de su edad o fugarnos al extranjero. De momento, lo único que me apetece es pegarme a esa pared y respirar entrecortadamente, sintiendo su sonrisa oscura y sucia en mis labios y la cal escociéndome los ojos.

¿Sabes una cosa? Cuando me despedí de ella, es decir, mientras me daba la vuelta y me dirigía a otra habitación, me dijo con una modulación francamente sugerente y a un volumen casi inaudible: «te estaré vigilando». ¡Joder, cuánto la quiero….!

Un abrazo.