Email del 13 de octubre 2012

Pablo Picasso, Seated monkey.1905

Querida:

Para que te hagas una idea de cómo funciona mi cabeza no se me ocurre nada mejor que contarte la pesadilla de hoy, por lo menos lo poco que recuerdo: un primate, no podría decirte de qué género o especie, me defecaba en la boca con unas heces tan liquidas que se deslizaban por la comisura de mis labios hasta impregnar los hombros y parte del torso. Sí, ya sé que es asqueroso, pero ¿qué quieres que haga?, los sueños sólo son veleidades del subconsciente y nadie tiene poder para encauzarlos a su propia conveniencia. Te aseguro que me hubiera apetecido más soñar con prados cubiertos de margaritas cimbreando bajo el sol, mientras la hierba mojada y algunos pequeños arbustos verdeados por el agua se balancean de un lado a otro mecidos por el viento del Este. Seguramente debo tener parcialmente dañado el prosencéfalo basal o quizá toda la región anterior del hipotálamo, ¿Qué más da? Por lo menos, mientras permanezco en constante vigilia, con los ritmos circadianos funcionando a plena potencia en el núcleo supraquiasmático, las ensoñaciones forzadas no llegan a los límites que alcanzan algunas veces los sueños. Supongo que el mesencéfalo aún me funciona hasta cierto punto, por lo menos hasta ese imperfecto nivel que separa la vesania más psicótica de la cordura racional y que en algunos instantes me convierte en un ser lúcido, sensato y, a veces, incluso constante.

A menudo pienso que debería someterme a una prueba polisomnográfica, sin embargo y sobre todo animado por los sueños que me cuentan amigos y conocidos, y créeme, algunos sueñan cosas mucho peores, me dejo llevar por la lánguida dejadez que enmaraña mi actividad y me convenzo de que soy, hasta cierto punto, un tipo normal con pequeñas dosis de excentricidad y contradicción, por supuesto, dentro de la excepción más inútil e ineficaz. El problema, es que cada uno de nosotros, los exiliados emocionales, somos básicamente como podemos o como nos dejan ser. Nuestro comportamiento está supeditado socialmente, y es ese mismo sometimiento el que de una u otra forma altera la condición, los accidentes y las casualidades de nuestras vidas, no importa que estemos despiertos o dormidos, asustados o decididos, sumidos en confusiones estériles que paralicen cada una de las mil y una emociones que turban nuestro deseo innato de docilidad ineludible, o avivados, o simplemente entumecidos.

Hay un lugar, por lo menos eso he leído en alguna parte, donde todos los problemas y dudas desaparecen. Ese lugar no es más que la propia mente y sus indefinidas posibilidades. La mía actualmente se encuentra desaprovechada y cubierta de herrumbre. Todos los días trato de asearla con un paño húmedo, pero el óxido es pugnaz y extremadamente complicado de limpiar. No existe un producto que la higienice en su totalidad. Mientras trato de buscar una panacea que me libere de compromisos y responsabilidades, no me queda otro remedio que utilizar ciertos placebos para que me narcoticen: la cobardía, el miedo y sus espantosas consecuencias.

Hoy he soñado con un mono y sus funciones corporales excrementales; puede que el sueño de mañana sea la continuación del mismo o algo totalmente distinto. De momento, me niego a extraer un significado o a auto-psicoanalizarme. Puede que algún día lo intente. Puede que incluso algún día no necesite soñar, pues me habré convertido en una partícula, un protón, un átomo de hidrogeno en estado plasmático, en definitiva, una infinitesimal parte del Todo y la Nada. ¿A quién puede importarle?

Besazos.