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| Alan McDonald, Prophet of doom (2008) |
Hola:
He descubierto que si a un imbécil le ensucias un ojo se vuelve inteligente. No me preguntes cómo he llegado a esa conclusión, pero es la pura verdad, puedes hacer la prueba si quieres. Pero asegúrate que lo haces correctamente, pues si en lugar de un ojo le ensucias una oreja, en menos de diez minutos el individuo en cuestión puede transformarse en un pomelo maduro o un traficante de licuadoras. ¿Recuerdas cuando revelé a la comunidad científica que dentro de cada átomo de agua vive una ballena divorciada y dos de sus pequeñines? Me tacharon de chalado e incluso alguno se atrevió a decir que yo no era científico, sino terrorífico. Supongo que lo mismo pensarían del tipo que en un arrebato de lucidez extrema inventó el vaso agujereado, pero ahora se venden incluso jofainas sin fondo, y se venden muy bien. El mayor fabricante del mundo tiene su sede central en Bangkok y factura al año catorce euros de beneficios, por supuesto sin descontar los gastos totales de producción y distribución. De todas formas, no pienso dejar de investigar sobre la razón, el cerebro y las agujetas; y menos porque un atajo de investigadores a sueldo de las grandes multinacionales me insulten o me envíen tarjetas de felicitación navideña en agosto. Yo soy yo, que no es poco, aunque a veces mis trastornos cutáneos quieran llevarse todos los méritos. Te prometo que no pienso cambiar; ya tengo suficiente con cambiarme de calzoncillos cada vez que Saturno, Venus y Mercurio se alinean sobre las pirámides de Egipto.
Saludos.
