Email del 8 de febrero 2013

Eric Fischl, A visit to a visit from the island (1983)

Hola:

He reparado el reinicio de mi cerebro restaurando el sistema neurotransmisor a una fecha anterior, pues al levantarme todo estaba oscuro, así que ahora estoy en ayer, que es la fecha elegida por Neuronium 7, el conjunto de programas que gestiona los recursos de hardware que posibilitan cada uno de los pensamientos y movimientos de mi cabeza y de mi cuerpo. Supongo que ahora todo volverá a funcionar correctamente; si no es así no tendré más remedio que reinstalar otra vez el Neuronium con el riesgo de perder recuerdos y valores que afectarían de una manera significativa a la comunicación verbal. Es decir, si esto sucede, es posible que en lugar de expresarme con la característica velocidad racional, que tan pasmados de envidia deja al resto de mortales, acabe hablando como nuestro querido presidente del gobierno, lo que no me convertiría en un ser especialmente interesante y mis posibilidades de acostarme con alguien del sexo opuesto que no perteneciera al partido que conduce el país a la ruina disminuirían considerablemente.

El problema fundamental de vivir hoy como si fuera ayer reside básicamente en que he perdido un día y una noche completos de vida, y con ellos un orgasmo matinal verdaderamente sublime y todos los insultos e imprecaciones contra el resto de seres humanos que había fabricado a primeras horas de la mañana con esmero, delicadeza y grandes dosis de mala leche. Lamentablemente, no hice una copia de seguridad del orgasmo ni de los improperios por lo que la situación podría llegar a convertirse en insostenible para mi orgullo; eso sin contar con que mi dignidad quedaría gravemente debilitada. De momento todo funciona perfectamente, aunque hace diez minutos intenté pensar en negativo, como es inherente a mí, y lo único que pude visualizar fue un campo de girasoles mecidos por el viento. Supongo que es algo normal después de un proceso como el que he tenido que pasar, pero no puedo dejar de dar vueltas a la idea que en estos momentos me ronda la cabeza: ¿y si me he convertido en un puto ente epistemológicamente positivista? ¿Y si en lugar de defecar sobre cada uno de los ciclos de la existencia, me dedico en el futuro a buscar el porqué de las cosas, transformando la bilis, líquida, verde y amarga, en empiriocricticismo monista florido, rancio y afectado?

Sinceramente, no me veo como el adalid del verstehen en una sociedad que sólo busca almacenar posesiones y Dioses en trasteros forrados con la piel despellejada, a base de mentiras y traiciones, de una utopía espectral, donde cada uno vale según lo que ha podido robar, y donde sólo se merece verdadero respeto si luce grandes anillos de oro en los dedos de las manos y diamantes o esmeraldas engarzados en piercings de titanio en los testículos o en el clítoris.

Las víboras se asolean en los riscos y no en las sucursales bancarias. Algo no funciona como es debido. Mientras permitamos que esto suceda, difícilmente podremos considerarnos algo más que esclavos. Y mientras el poder y la justicia nos someta a continuas vejaciones y se juegue a un envite nuestras propias indecisiones, esta forma de vida que conocemos, y en ocasiones amamos, no será más que un continuo fluir incomprensible de cohesión, adhesión, viscosidad, tensión superficial y capilaridad, hacia ninguna parte.

Saludos.