Email del 9 de febrero 2013

Simon Schrikker, (2010)

Amiga:

Hoy todo me sale mal. Incluso al caminar, en lugar de ir hacia delante, voy hacia atrás. La gente me mira de una forma extraña, seguramente no están acostumbrados a ver a alguien andar de esta manera. Si todo sigue igual, pronto acabaré donde algunos empiezan. Me siento tan raro que no me extrañaría que antes de acabar el día volviera a revivir mi propio nacimiento, por segunda vez en cinco décadas. Pero si esto sucede, te aseguro que estoy preparado. En un bolsillo del pantalón guardo un memorándum que explica muy claramente cómo he de ser eutanasiado. Espero que les resulte sencillo leerlo, pues lo he escrito por medio de jeroglíficos. Ya no soporto la libre interpretación del lenguaje, hablado o escrito, y la forma en que se corrompe cuando los receptores se sienten demasiado humanos.

He dirigido la mirada a sol, esperando que la repentina miosis de las pupilas me recordara que hacerlo es un sacrilegio. En un instante, un millar de lágrimas, espesas como el material con el que se fabrican las ensoñaciones más perturbadoras, me han vuelto a arrojar de bruces a la realidad. Y la realidad es huera, siniestra como la celda de un reformatorio, irreal, difícil de soportar sin sentir una mezcla de asco y miedo. Debería armarme de valor y ocultarme para siempre en el nicho de mis antepasados, pero algo muy dentro de mí me recuerda que hay otras soluciones. ¿Solución? Esa palabra me da escalofríos. Nunca he podido soportarla; no es más que un montón de mierda fabricada para narcotizar momentáneamente los deseos más oscuros y que, de alguna forma, se alejan de la razón. Yo no pierdo el tiempo razonando. Soy un animal y muerdo cuando me bloquean la salida.

Saludos.