Email del 21 de marzo 2013

Henri Matisse, La danza (1909)

Hola:

Para demostrarte lo inseguro e infantil que puedo llegar a ser, he decidido seguir con el blog aunque eso implique ciertas responsabilidades, pues como ya sabes, detesto pensar, y sobre todo releer lo que escribo. Según mi psiquiatra debería suicidarme lo antes posible, pero como me gusta su hija, y sobre todo la amante de su mujer, voy a posponer indefinidamente mi deceso, o por lo menos hasta que ambas me den calabazas. Claro que si lo pienso bien, si me dan calabazas, siempre podría hacer buñuelos.

En estos días de silencio blogueril, he tratado de escribir un cuento dedicado a todos los seres de este mundo que no entienden nada (o casi nada). Te copio las primeras y únicas líneas que he sido capaz de teclear:

CAPÍTULO I (Etiología y desarrollo)


El trastorno de ansiedad social sólo podía percibirse cuando lo mirabas sin que él (o su Yo interno) descubrieran que estaban siendo sometidos a un escrutinio intenso. Cuando eso sucedía, su rostro adquiría una tonalidad macilenta y espectral que hacía que mi ánimo se transformara en una especie de falsa oquedad remedada…

Después de escribir «falsa oquedad remedada», me ha dado un ataque de risa tan violento, que he tenido que bajar a la calle y tocarle el pecho a una fallera delante de los ojos de su madre, su padre, su marido y dos de sus hijos, pero por lo menos he podido tranquilizarme.

Un saludo

PD: Échale un vistazo a este blog:
http://desacuerdocontodo.blogspot.com.es/
(Vale, y mucho, la pena).  Ya no soy el tipo más raro del planeta…