Email del 26 de marzo 2013

Vilhelm Hammershøi, Open doors (1905)

Hola:

La primavera es la estación preferida por mi otro Yo, el que se oculta en lo más profundo y no se atreve a salir por miedo a que algún otro Yo de cualquier sujeto le ponga la zancadilla. Desde que lo conozco, y de eso hace 51 años, nunca ha permitido que nada ni nadie le haga tropezar, pues está convencido de que si se cae se sentiría demasiado a gusto en posición semi-horizontal y jamás volvería a su postura inicial, es decir, la de gallardía, compostura y verticalidad forzosa. Por mi parte, no me canso de repetirle, a veces incluso en siamés, que su perpendicularidad a un plano horizontal me trae sin cuidado, que lo que verdaderamente me preocupa es la neurodegeneración de sus células nerviosas cerebrales y el mal funcionamiento de la membrana plasmática, en cuanto a excitabilidad eléctrica o recepción de estímulos.

La verdad es que ya casi no interactuamos. Todavía no le he perdonado lo que hizo en el supermercado. Salir de mi cuerpo y meter mano a una anciana cargada con Dodotis estuvo realmente mal, y aunque parece que se arrepiente de corazón, todavía no estoy preparado para perdonarle. Todo lo más que puedo hacer es regalarle una sonrisa prefabricada mientras miro con envidia al otro Yo de mi hermano, que no sólo le hace la vida más apacible y bella, sino que además le plancha la ropa interior y la dobla con una perfección absoluta.

Esta mañana cuando me he levantado creía que me había quedado ciego, pues no veía nada. En realidad no veía nada porque él me había dejado encima de la cara una nota con sus últimos pensamientos y aforismos. Te los pego a continuación con la esperanza de que te entre hambre antes de acabar de leerlos y que te levantes a asaltar la nevera:

Las relaciones humanas son como las ofertas y descuentos de El corte inglés, es decir, falsas la mayor parte de las veces, hinchadas hasta la desproporción más absoluta y manufacturadas para engatusar a los menos inteligentes.

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El marisco es un privilegio de los acaudalados, pero sin embargo, la angioestrongiloidiosis sólo la resisten los pobres y miserables.

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Los cínicos son los auténticos ganadores en el juego de la supervivencia. Sin apenas trampas y con la mirada escondida tras un ramo de indiferencia de colores y aromas variados, han sido capaces de engatusarse a sí mismos hasta llegar a un límite que sólo los superhombres o semidioses pueden alcanzar. 

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Como no podemos malvivir en silencio, sentimos la necesidad de sollozar y quejarnos como único consuelo al sufrimiento que significa haber nacido.


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Estamos muertos, aunque tratamos de convencernos de lo contrario. Por eso los idiotas se sienten vivos.

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Las noches son eternas pero los pijamas son perecederos. 


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Nunca podría inventar una mentira que se sostuviera durante el tiempo necesario para que pudiera ser entendida como una mentira.

Un abrazo