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| Richard Lidner. Boy and machine (1954) |
Amiga mía:
Como hoy no tengo absolutamente nada que contarte, pues mi vida últimamente es bastante aburrida y predecible, he decidido hablarte de Lorenzo Pérez, es decir, mi tío por parte de madre y una de las personas más extrañas que he conocido:
Lorenzo Pérez nació en la primavera de 1943. Desde muy temprana edad, destacó por ser un avezado lector y a la edad de ocho años escribió su primer tratado sobre los juguetes de aluminio titulado «Mierda, me he cortado», publicado 23 años después y encumbrado a lo más alto de la literatura nacional por ciertos sectores psicopáticos. Durante su adolescencia, Lorenzo diseñó un solenoide extromagnético, sustituyendo el alambre por un tallarín y obtuvo una beca en la ferretería del padre de un compañero de estudios. Tres años más tarde, mientras asistía a una conferencia sobre bobinas inductoras, fue abducido por el bostezo del espíritu de un espantapájaros y se volvió tartamudo, enfermedad que le duró el resto de sus días. Para celebrarlo escribió «El principio de la viscosidad» en el que trató con gran acierto sus dificultades para recitar poesía.
Voy a aparcar de momento la biografía de mi familiar porque me acaba de venir a la cabeza algo que no me sucedió ayer, pero que me hubiera gustado que ocurriera:
Caminaba triste y cabizbajo por una de las calles más transitadas de mi barrio, cuando de repente una chica de unos 18 años y escultural de la cabeza a los pies, me paró en la acera y me dijo que yo era el tipo más sexy que había visto en su vida y, que necesitaba quedarse preñada de mi en ese mismo instante. Como su rostro me recordaba al de Scarlett Johansson y su cuerpo estaba repleto de curvas, accedí al instante. Nos dirigimos con premura a mi casa y en un rincón de mi habitación la desnudé con la boca, aunque perdí un incisivo en el intento.
He decidido continuar con la historia de mi tío. Pienso que contar algo que no ha sucedido es bastante estúpido. Yo no soy idiota, bueno los jueves sí, pero hoy es lunes, así que ya continuaré con la sosias de la Johanson en otro momento más adecuado:
En 1960, Lorenzo abandona sus clases en la Universidad para dedicarse por completo a la literatura. Como no tiene dinero para mantenerse, trabaja de sol a sol recolectando champiñones silvestres y por las noches escribe como un poseso. En dos años logra escribir 17 libros que son rechazados sistemáticamente por las editoriales. Deprimido por su mala suerte intenta suicidarse tragándose una piraña viva, pero el intento se frustra porque el pez era vegetariano, así que decide concentrarse en la redacción de lo que será su obra maestra y uno de los libros más importantes del siglo y al que al principio titula «Decodificación espontánea de una serie de ideas subjetivas, relativas e intrínsecas» donde repasa con cierta demencia sus ofuscaciones ante los propósitos mal concebidos.
Por alguna extraña razón no me siento a gusto recordando la vida de Lorenzo. A decir verdad, no me siento bien conmigo mismo. Creo que lo mejor que puedo hacer en estos instantes es tomarme cuatro pastillas de cama y meterme en el Orfidal. Y eso es lo que voy a hacer. Prometo continuar con la semblanza del hermano de mi madre en un futuro no muy lejano. Ahora me despido de ti y de los vivos durante unas horas.
Un abrazo
