Email del 26 de mayo 2013

Salvador Dali. Accommodations of desire (1928)

Hola:

¿Te acuerdas del deseo del que te escribí ayer? Pues ha salido de mi cabeza y de mi cuerpo y se ha vuelto a esconder. Esta vez por la casa. Lo he buscado entre las sábanas y por toda mi habitación y no he podido dar con él. Luego continuaré poniendo patitas arriba el resto de las habitaciones, incluidas la cocina, el aseo y el armario empotrado hasta encontrarlo. No me gusta tener deseos sueltos por ahí. Hace algunos años se me escapó un pensamiento impuro y al final fue detenido por la policía mientras intentaba bajarle la faja a la estanquera. Como los pensamientos son ciegos, pues carecen de ojos, no reparó en que la expendedora de tabaco acababa de cumplir los 84, por lo que (yo) fui condenado a dos penas: una por permitir que se fugara, y otra por tener pensamientos gerontofílicos. A la estanquera la condenaron a pagar una bonita multa por trabajar estando jubilada y a su nieto lo encarcelaron por padecer acné quístico.

Tengo un amigo al que una vez se le escapó un vicio. No te voy a contar en la serie de problemas en que se vio envuelto por la dichosa fuga, pues aquel vicio era depravado y completamente inmoral. El caso es que este tipo, desde entonces, ya no es el mismo. Su conducta se ha vuelto taciturna y ya no es capaz de salir a la calle sin llevar puesto un pasamontañas de nailon. Como no quiero que mi sencilla personalidad se vea afectada en el futuro, he decidido no volver a tener ningún deseo, por insignificante y puro que sea.

Un abrazo