Email del 8 de junio 2013

Adolph Von Menzel. Man yawning in a train compartment

Amiga:

Donde concluye la lógica, o su consecuencia, comienza la inconsciencia, que es la ausencia total de consecuencias. Entre ambos comportamientos no existe absolutamente nada. Somos los pasajeros de un tren que no se detiene en ninguna estación. Miramos por las ventanillas y sólo vemos una mancha borrosa. Intentamos hacer señas y gritar, pero el ruido de la levitación magnética que se produce al deslizarse por las vías minimiza el volumen de los lamentos.

Nuestra prioridad como seres plenamente conscientes de sus limitaciones consiste en maquillar la irresponsabilidad que se parapeta tras los deseos insatisfechos, transformándolos en represión y castigando sin miramientos el grado de tolerancia moral. Somos maquiavélicamente imperfectos; incapaces de aceptar una situación. Pero mientras aprobamos esas restricciones, las posibilidades se reducen considerablemente. Nada importa demasiado si la inmolación sirve para alimentar la conciencia.

Los compartimentos están vacios. El Yo indivisible de cada individuo se pasea por los pasillos de los vagones, con las maletas enganchadas en la percha que forman los huesos de las manos. Algunos esperan un transbordo que nunca sucederá, el resto se contentan con mirar fijamente los ojos vidriosos y cansados del revisor, esperando con anhelo una sonrisa que no puede, bajo ninguna circunstancia, ser real.

Un abrazo