Email del 9 de junio 2013

Tayete Garcia. Leólo planning how to kill his grandpa

Hola:

Hasta ahora no he sido. No he sido. De la oscura languidez de mis ensoñaciones más ecuánimes, ha surgido un lúgubre grito de angustia, que al mismo tiempo que me consuela, enmohece cada uno de los tornillos del sorprendente mecanismo que me permite seguir muriendo. Hasta ahora no he sido. No he sido. No he podido ser. Deseé pintar el cenit de una recta que no existía y ahora estoy perdido en este cimiento eterno, tortuoso, que zigzaguea inconmovible mientras devora toscamente cada tregua, cada recorrido por un espacio o lugar, cada movimiento proyectado pero errabundo. No, no he sido. Hasta ahora no he sido. No he podido ser.

Recuerdo el día que miré directamente a los ojos de mi perra. No podía comprender como detrás de esa mirada triste se escondía un pequeño tesoro. Intenté abrir el cofre de su artificio y la alegría oculta me explotó en el rostro y me abrasó el aliento. Como no estaba preparado para ser inducido por un sentimiento tan sincero, la castigué a sufrir mi desprecio. Nunca me lo perdonó, nunca la pude perdonar. No, no he sido, no he podido ser.

Ahora, el vacío de la noche amuebla mi tortuoso confinamiento. He sido expulsado del fastuoso circo que patrocinan los individuos que adulteran con premeditación el pan y no tengo una razón para ocultarme. Sólo dispongo de los mendrugos que alguien alguna vez, enterró entre la tierra mojada y el cieno descompuesto. Me gustaría gritar, pero me resulta demasiado sencillo hacerlo.

Leólo Lozzone no lo estaba porque soñaba. Yo hasta ahora no he sido. No he sido. No he podido ser. Desconozco si lo estoy, aunque sueño. Ya no me importa si el desprecio que escupe mi propia inapetencia sólo es un lamento sordo y dilatado de mi pretensión de no seguir adelante. No, no he sido. No he podido ser. Hasta ahora nunca he sido. Siempre me lo han impedido. Claro que tampoco lo he deseado con todas mis fuerzas. Porque aspirar a no ser nada en un mundo de alguien, siempre me ha parecido un esfuerzo inútil y una enorme pérdida de tiempo. Y el tiempo es un asesino que sonríe cínicamente mientras descuartiza la carne que envuelve la ingravidez perpetua de los recuerdos.

Un abrazo