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| Piero Manzoni. Artist shit (1961) |
Querida:
Mi último cuento se titula «El coleccionista de membranas hialoideas» y como el título indica, trata sobre un asesino que colecciona las hialoides contenidas en los «humores vítreos» de los ojos de sus víctimas. Como su carrera criminal se extiende durante dos décadas y media, llega un momento en que su colección es tan inmensa que decide donarla a un museo de ciencias naturales. Este cuento junto con cinco más compondrán un volumen que se titulará «Cinco cuentos tanatofílicos» y que estará prologado por una berza. ¡Sí, no has leído mal! Pienso hacer que un ejemplar de estas crucíferas firme el prefacio, aunque para ello tenga que emborracharla o incluso maltratarla. Seguramente, y con toda la razón, te preguntarás cuál es la justificación que me impulsa a semejante demencialidad, sobre todo, sabiendo que los vegetales no pueden escribir porque carecen de manos con dedos. Te revelaré la verdad. Necesito llamar la atención, pues no creo que ninguno de los cinco relatos valga gran cosa, pero estoy completamente seguro de que cualquier bazofia prologada por una verdura puede convertirse en un bestseller internacional. No olvides que la gente básicamente es imbécil, ignorante, y puede ser engañada simplemente chocando los dedos y sacando una paloma de una chistera.
Claro que si fuera un poco coherente conmigo mismo, o por lo menos con las disposiciones sobre la dignidad que tan famoso me han hecho entre la plebe, trataría por todos los medios de apretarme la sesera y convertir ese conjunto de mierdas vulgares en algo decente. Pero, ¿existe acaso un medidor universal que nos demuestre fehacientemente lo que es magistral o lo que no vale un puto pimiento? ¿No es más importante que un producto artístico venda y produzca beneficios aunque sea un tostón infumable y repleto de tópicos afectados? Por lo menos eso me han hecho creer hasta ahora. Sólo tenemos que repasar la calidad literaria de los libros que más venden en la actualidad.
Y no creas que mi sarcasmo cínico y semitrastornado no puede ser extrapolado al resto de actividades o disciplinas denominadas «Arte», ya sean visuales, escénicas o musicales. ¿Dónde se ha escondido el talento? ¿Quién o quiénes son los autores de su desaparición? ¿Seremos capaces dentro de un siglo de crear algo que emocione aunque sea sólo durante el microsegundo que se necesita para que las terminaciones nerviosas envíen la sensación a la corteza?
Un beso
PD: ¿Tú sabes cómo se limpian las aspas de un ventilador? Lo he intentado con una esponja Vileda pero no entra por los agujeros de la rejilla metálica que protegen nuestras extremidades superiores -o cualquier otra parte de nuestra egregia anatomía- de un cercenamiento horripilante. Y con un Q-tip no hay manera de llegar hasta donde se parapeta segura y firme la inmundicia. Según un blog de marujas que he visitado esta mañana, lo mejor es secuestrar un inmigrante en situación irregular y obligarle bajo coacción a que lo limpie. Pero me parece una solución demasiado complicada.
