Email del 13 de agosto 2013

Andre Petterson. Red rill

Amiga mía:

No existe nada en este mundo (y supongo que tampoco en los mundos paralelos) que odie tanto como escribir. Me encanta pensar argumentos y desarrollarlos en el cerebro, pero no soporto sentarme tras una mesa y delante de un papel o una página de Word en blanco para intentar transcribirlos. Pero si me repugna esta acción, imagínate lo que siento cuando hay que releer un texto y corregirlo y corregirlo repetidas veces, hasta que llega un momento en que lo único que quieres es que se adelante lo más rápido posible el Big Rip y nos convierta a todos en átomos desperdigados.

Todo lo que escribo para el blog o los emails que te envío está sin corregir, es decir, tal cual sale de mi sesera, o de donde quiera que sea el lugar donde fueron fabricados. Pero no sucede lo mismo con los relatos, cuentos y textos que preparo para un posible futuro libro serio. Por eso creo que me he equivocado de trabajo. Si fuera chapero o asesino psicópata, posiblemente acabaría enfermo o en la cárcel, pero por lo menos, ya fueran felaciones o descuartizamientos, tendría el gusto de ver mis obras terminadas.

Imaginar es sencillo. Escribir es un infierno. Y escribir correctamente, una ilusión.

Si todo sigue su curso, es decir, si sigo escribiendo a la velocidad que lo hago actualmente, mi «Trilogía aparentemente circunstancial» estará terminada justo unos días antes de que muera a la edad de 237 años. Como su nombre indica, se trata de un libro dividido en tres extensas partes que se titulan:

I. Diario de un espástico emocional
II. Diario equipotencial
III. Diario ad líbitum de un comedor impulsivo de croissants

La primera parte, que todavía no he comenzado a escribir, tratará de cómo veo cada una de las cosas que me rodean. La segunda, que está en un estado embrionario, desarrolla algunas de mis teorías más dementes y las demuestra. La tercera, que está bastante desarrollada, digamos en un 70 %, no trata sobre nada, pero al mismo tiempo repasa un poco de todo. Si sale como tengo pensado, se dividirá en seis capítulos, de los que tengo completamente terminados los cuatro primeros:

III.I. Ortorexia
III.II. Parto eutócico
III.III. Fontanela
III.IV. Disnea
III.V. Apgar
III.VI. Ad líbitum

Quizá te preguntes para qué diantres escribo si me hace sentirme tan infeliz. La respuesta es sencilla. Escribo por esa razón, porque me hace sentirme un desgraciado. No puedo entender la existencia sin morder el polvo, sin besar la tierra. La gente que se considera feliz acaba tirándose de una azotea. Porque, no nos equivoquemos, vivir es el castigo o la mortificación que nos merecemos por haber desarrollado ese órgano mayor del sistema nervioso central llamado cerebro.

Un abrazo