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| Eric Fischl. Bedroom, scene 3, mistakes mistakes! Everything shakes from all the mistakes (2004) |
Hola nuevamente:
Esta mañana, cuando he despertado he descubierto a una gorda completamente tatuada de los pies a la cabeza manipulando una de mis partes más inmanipulables, mientras al fondo de la habitación otras tres gordas puntuaban lo que veían con unas cartulinas blancas y grandes repletas de números negros que iban del 0 a 10. Cuando, presa de la desesperación, he intentado que la manipuladora se tragase varias de esas cartulinas, me he vuelto a despertar. Esta vez me encontraba completamente empapado en un descomunal cubo de plástico lleno de tipos y tipas también bastante mojados. De vez en cuando, una manaza con la envergadura de una catedral cogía a uno de esos tipos y con la ayuda de la otra lo tendía al sol con unas pinzas de madera semejantes en forma y tamaño a un ataúd. Cuando después de varios intentos en los que pude zafarme al final me cogió a mí, solté un grito tan desgarrador y fuerte que lo escucharon en Nongbua Lamfu y me desperté bañado en sudores. Esta vez estaba en mi habitación, sin gordas, ni puntuaciones, pero temblando y con un aspecto lamentable. Mientras me dirigía al baño, escuché una voz que salía de mi barriga y que decía:
-Soy tu cáncer de estómago. Espero que el día de hoy sea feliz, porque a partir de mañana te esperan sufrimientos y lágrimas
Apenas había tratado de asimilar esas palabras, cuando algo que se encontraba más o menos por detrás y bastante profundo gritó:
-¡Oh, cállate idiota! Si alguien se va a llevar a este tipo al otro barrio voy a ser yo, tu cáncer de colon, por cierto, bastante avanzado y con una metástasis muy seria.
Mientras me palpaba el trasero sin demasiada convicción, se puso a hablar una peca roja y de unos cinco milímetros que tenía desde hace años en un hombro:
-¿Sabéis por dónde me paso vuestros tumores? ¿Lo sabéis? Donde se encuentre un buen cáncer de piel, que se quiten las inmundicias.
– Oye tú, yo estaba destrozando sus células mucho antes de que tú nacieras-, replicó indignada la voz del trasero.
– Oh. No. Nooooo. Como cáncer de estómago y visto cómo se ha alimentado este botarate durante los últimos 51 años, es mi deber acabar con su vida y, además, de una forma repugnante y malévola.
Cansado de escuchar a mis partes corporales despotricar como rameras, intenté serenarme, pero al sentarme en el sofá una flatulencia poco musical y descontrolada me despertó del tercer sueño consecutivo y encadenado. Cuando me incorporé cogí una zapatilla y me golpeé cuatro veces en las mejillas. No cabía ninguna duda. Esta vez, estaba despierto.
Abrazos
