Email del 20 de agosto 2013

Philip Guston. Two fat feet

Querida:

Un vecino me ha denunciado por ser feo, así que he intentado ponerme en contacto telefónico con mi abogado, pero su secretaría me ha dicho que lo detuvieron la semana pasada por meterse un Danonino por el… bueno, ya puedes imaginártelo. Además, el tío lo hizo delante de dos leones, en el Zoo, con tan mala suerte que un defensor de los derechos de los animales que pasaba por allí en ese momento lo vio y es el que lo ha delatado. Personalmente, desconfío de los chivatos, aunque lo hagan por una causa justa. Aún recuerdo cómo destrozaron la vida a un amigo mío hace unos cuantos años. Su propia madre lo denunció por decir «andara” en lugar de “anduviera y le cayeron cuatro años. Al final, lo soltaron a los tres años, pero el daño ya había sido hecho. Nunca volvió a ser el mismo. Ahora se dedica a esnifar la suciedad que se esconde entre las uñas de los pies. Para conseguir tales inmundicias tiene que raptar a la gente, atarla a una silla y con un palillo y mucho cuidado, sacar esa asquerosidad y prepararla en forma de raya. Bueno, voy a tratar de ahorrarte los detalles, no quiero que me acusen de fomentar las drogas esnifables.

La verdad es que no pensaba escribirte hoy. Si lo he hecho no ha sido para contarte mis problemas con los vecinos o para contarte estúpidas historias de gente rara. Te escribo para recordarte la suerte que tienes de ser mi amiga. Pero esa suerte, a partir de mañana, te va a costar 25 Euros a la semana. Si no me los pagas, dejaré de ser tu amigo y la oscuridad volverá a tu vida. Y como no te verás, te caerás. Y te romperás la primera y segunda costilla flotante. ¡No te enfades! Estaba de broma. No te voy a cobrar 25, sino 15, es decir, 60 al mes y 720 al año. Si te sirve de consuelo, has de saber que el resto de mis 38 amigos de diferentes sexos, ya pagan ese impuesto emocional desde hace lustros. ¿Cómo si no te explicas que con el dinero que gano sea capaz de sufragar las orgías que organizo?

Ahora te tengo que dejar. Espero recibir el primer «sueldo» antes del sábado.

Un besazo