Email del 13 de octubre 2013
![]() |
| James Jean. Hive (2008) |
Amiga:
Mi perro Nazario ha vuelto a ciscarse en la alfombra y yo me he visto obligado a pegarle una buena tunda. Mientras le sujetaba por la trufa y le arreaba con un periódico en el trasero he sentido unas repentinas ganas de algo, pero no recuerdo exactamente de qué. Después de limpiar la alfombra con varios productos químicos de diferentes marcas y con aromas repugnantes, me he sentido bastante cansado, me he tumbado en el sofá y he pensado en algo nuevamente, pero aunque tampoco recuerdo nada, estoy casi seguro de que era algo totalmente diferente al «algo» anterior. Existen muchas clases de «algo». Algunos son compatibles con la memoria, otros no. Supongo que mis «algo» pertenecen a estos últimos. Sinceramente, no sabes cuánto me gustaría poder recordarlos, pero por alguna extraña razón me resulta imposible. Hace tiempo fui al médico y le expuse mi problema. Él se puso serio y mirándome fijamente a los ojos me dijo que no tenía tiempo para escuchar gilipolleces de un demente paranóico y me dijo algo más. Por supuesto no recuerdo ese «algo más». Yo le pedí perdón y mientras me dirigía a la puerta de salida de su infecta consulta le hice una peineta con la mano y algún movimiento extraño con la cabeza que en estos instantes no soy capaz de rememorar. ¡Caray! ¿Tampoco puedo recordar los «algún»? Hasta esta mañana tenía serios problemas con los «algo», pero ahora se me atragantan los «algún». Si esto sigue así no sé cómo voy a poder hablar conmigo mismo. Y si no hablo conmigo, es decir, con esa parte vesánica y oscura que se parapeta en el hemisferio izquierdo del cerebro, ¿con quién voy a poder platicar? Contigo no puedo, pues odias a la gente que no se expresa correctamente y que es incapaz de sonreír, aunque sea de una manera forzada. Con mi madre tampoco puedo, ya que ella ahora sólo habla con Dios, pero no esa deidad que algunos reverencian. Ella tiene su propia divinidad, un Dios perdido, secreto y lejano. Podría intentar comenzar una amable conversación con algún vecino, pero estaría abocada al fracaso. Mis vecinos son viejos y ya no hablan, sólo escupen mientras maldicen. Yo no sé escupir, pero maldigo de una forma bastante correcta. No puedes hacerte una idea de las veces que he intentado escupir al mismo tiempo que maldecía. Es curioso que algo que parece sencillo, me resulte tan dificultoso. Quizá es que soy demasiado joven para sentir el verdadero vacío execrable y casi perpetuo de la misma manera que lo sienten los ancianos. Pronto estaré tan senil como el más joven de ellos. Cuando eso suceda, el más anciano ya no existirá en este universo. Desconozco el número exacto de universos paralelos que pueden encontrarse fuera del nuestro. Me es indiferente la cantidad de hipótesis posibles y sus probabilidades relativas. Lo único que quiero es poder recordar cada uno de los «algo» y si es posible unos pocos «algún». Creo que no pido demasiado. Necesito parecer normal, aunque por dentro no lo sea en absoluto. Me gustaría ser diferente, aunque la alexitimia esté corroyendo mis deseos y sus supuestas soluciones. Quiero falsificar mi vida. Debería ser fácil hacerlo.
Un abrazo
Email del 13 de octubre 2013 Leer más »



