Email del 11 de octubre 2013

Maki-Haku. Collection 27 stone

Amiga:

Recojo piedras del suelo, las agrupo por tamaño y formo pequeños montoncitos con ellas. Cuando tengo varias concentraciones me pongo tan contento que se me escapa la orina. La gente hace corros y me contempla. ¡Idiotas! Si supieran que todos estos cantos rodados van a acabar en sus cabezas. Entre los que me miran hay gente conocida. Puedo ver a un ex convicto por violación, a una loca que pega a su marido y a sus hijos y a un carterista. El resto del público se creen muy humanos, pero puedo oler el nauseabundo aroma a avaricia que exudan sus poros. ¿Quién sabe lo que son capaces de hacer cuando nadie les observa?

Sigo con mi trabajo ajeno a sus burlas. Algunas piedras tienen formas extrañas, como si en un momento dado hubieran pertenecido a una piedra madre formada a años luz del lugar donde me encuentro y depositada aquí de nuevo en fragmentos de diferentes tamaños, para que yo, un idiota, un infeliz, un tipo que está de vuelta de todo, pueda lanzárselos a la cara con verdadero odio, con autentico deseo, con la fuerza que me atribuye ser un paria superviviente.

Mientras limpio los guijarros chupo y mastico caramelos. Algunos los he comprado, otros me los han arrojado como pago al circo de mis idioteces. No soy una puta. No soy una puta. Por eso me guardo en un bolsillo los que he pagado y en otro los que me han lanzado. Nunca me meto en la boca más de uno a la vez, excepto los jueves y los jueves. Nunca doy las gracias a mi auditorio, excepto los martes y los martes. Los sábados y los sábados no dejo que me miren, por eso amontono y esparzo, amontono y esparzo, bajo un plástico de color negro repleto de pequeños agujeros que me sirve de carpa.

Ahora estoy en una acequia. Intento lavar los pedruscos para que queden perfectamente libres de polvo e inmundicias. De paso me lavo los pies, pero antes me quito los calcetines, los doblo cuidadosamente y los dejo en la intersección de dos ramas de un arbusto seco, y por lo tanto, escuchimizado. Me encanta mirarme los pies. Me gusta mirar cada una de las piedras. No soporto mirar a los humanos, aunque sea a sus pies guarecidos dentro de costosas botas fabricadas con piel de pitón o lagarto. Tampoco me gusta mirar a sus caras. Sólo disfruto observando a mis piedras y a mis pies. A mis pies y a mis piedras. A los pies de mis piedras. A las piedras que se ocultan entre los dedos de mis pies. Por eso me los lavo en la acequia. Por eso me quito los calcetines antes de lavármelos en la acequia.

Necesito recoger y clasificar más piedras. Me gustaría que una o varias de ellas fueran curiosas. ¿Nunca has tenido una piedra curiosa? Existen. Puedo dar fe. Creo que a este tipo de guijarros les es muy difícil orientarse. Solamente existen 10.457 piedras curiosas en nuestro planeta. 43 disfrutan de la calma de los suelos de nuestro país. Y yo tengo tres. Y me gustaría tanto tener otra…

Un abrazo