![]() |
| Martin Kippenberge. Self portrait (1988) |
Hola:
Hoy he tenido un sueño muy desagradable, sobre todo para un heterosexual convencido como yo. Por culpa de estos hijos de puta que nos gobiernan, no me quedaba más remedio que hacerme chapero. Pero por más que buscaba, los urinarios públicos ya estaban todos repartidos por uno o varios de estos elementos y las zonas de las calles acotadas para tales menesteres rebosaban tanto de prostitutos que las mamadas se habían depreciado hasta hacer poco rentable meterse un miembro en la boca. Te juro por Rouco Varela que me he despertado empapado y con un calcetín incrustado en la garganta. ¿Te has preguntado alguna vez cuál es la razón por la que soñamos? Yo lo hago a menudo, aunque todavía no he llegado a una conclusión lógica. La bibliografía existente sobre esta materia y, sobre todo, sus teorías dispares e imperfectas no acaban de convencerme, por lo que estoy pensando seriamente en preguntárselo a la Virgen María, en una de sus, últimamente, constantes apariciones. Ayer, sin ir más lejos, se manifestó mientras me metía dos naranjas medianas en la pernera del pantalón con el único propósito de bacilar de paquete en una reunión de ex-masturbadores anónimos, y lejos de ruborizarse ante mi procacidad, la santa cogió uno de los cítricos y se lo comió con gran delectación, por lo que tuve que asistir a dicha asamblea con una falsa criptorquidia que me sumió en la más acongojante humillación.
Si en lugar de soñar bailáramos rumbas mientras dormimos, todo sería mucho más sencillo. Al mismo tiempo que nuestro imperfecto cuerpo descansa haríamos ejercicio físico, que buena falta nos hace, por lo menos al que escribe esto. Si mi diario personal no me engaña, la última vez que moví mi cuerpo fue cuando la comadrona, una mujer de aspecto poco agraciado, me sacudió un par de palmadas para que llorara, mientras mi madre le preguntaba a uno de los doctores si era normal que después de parir le picara una pierna. Desde entonces, muchas lunas han pasado y pensar que he de mover cualquier parte de mi agraciado cuerpo, aunque sólo sea para caminar o llevarme los bocadillos de mortadela al gaznate, me llena de inquietud y nerviosismo. Cuando ahorre lo suficiente pienso comprarme una silla de ruedas y alquilar un esclavo que me empuje hacia cualquier dirección, excepto a los urinarios públicos de los que te hablé antes. No quiero problemas con esos feladores profesionales ni con sus navajas de 20 cm. Soy un tipo tranquilo. Por lo menos en esta etapa de mi vida, en que la que lo único que me salva del sopor de existir es comprar naranjas medianas en la frutería. ¡No pienses mal! También suelo hacerme zumos.
Un beso
