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| Tomas Sánchez. Hombre crucificado en el basurero (1992) |
Hola:
¿Y si nos llevásemos todo? Lo que somos y lo que no somos. Lo que parecemos, lo que creemos, lo que imaginamos y lo que nunca podremos llegar a ser. Lo que vivimos y lo que soñamos. Lo que sentimos y lo que padecimos. Si nos llevásemos todo a una naturaleza irreal y lo guardásemos en un agujero imaginario, ¿qué nos quedaría? Somos geometría flexible. Somos partículas neutralizadas que necesitan expandirse. Somos impacto sobre materia, explosiones uniformes, balizas cósmicas ralentizadas. Somos curvatura cartográfica, fusionada entre los restos del espacio. Necesitamos construir un sentido para cada una de las cosas que no comprendemos. Pero mientras tratamos de descubrir ese sentido, la realidad en forma de certeza interior nos golpea con fuerza.
Si fuésemos capaces de llevarnos todo, sentiríamos la necesidad de rubricar cada uno de los montones que contienen nuestros excesos y carencias. Si no podemos ser el centro del universo, entonces es que no existe el universo. El sol, el cielo, la luna, las estrellas, sólo son deformaciones de nuestra perpetua incapacidad para aceptar ese terrorífico vacío con el que nacemos y que, de alguna manera, define nuestras erróneas interpretaciones. Asumamos que no somos nada. Aceptemos que nuestro tiempo se acaba. Desembaracémonos del cuerpo humano, escupamos sobre los dogmas establecidos y levitemos hacia el infinito. Allí no encontraremos ninguna Santísima Trinidad, ni siquiera un Dios misericordioso. Eso son inventos de nuestro mundo. ¡Y existen tantos millones de mundos diferentes!
Supongamos que ya nos hemos llevado todo. Lo que fuimos y lo que no fuimos. Lo que parecíamos, lo que creíamos y lo que nunca podríamos llegar a ser. Imaginemos que el agujero imaginario de esa naturaleza irreal ha escondido cada una de nuestras estupideces, cada uno de nuestros pecados, en definitiva, cada uno de los recuerdos grabados dolorosamente en nuestro cerebro. ¿Qué nos quedaría? La respuesta es delicadamente sencilla: el principio absoluto, que no es más que un final relativo.
Un abrazo
