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| Leah Saulner. Mr Potatoe |
Amiga mía:
Durante un tiempo la jofaina había obtenido un montón de pruebas circunstanciales acerca de las manos que se limpiaban en ella y por eso optó por chantajearlas. Pero la jugada le salió bastante mal cuando éstas consiguieron unos bonitos guantes de latex de color verde puerro, por lo que tuvo que ponerse a pensar una nueva estrategia. Todos sabemos que las palanganas no son conocidas por su capacidad para racionalizar los hechos, pero ésta en particular, era más perspicaz que el resto y decidió sobornar al agua que casi llenaba el recipiente. El problema surgió cuando el jabón líquido se opuso con todas sus fuerzas y juró por la memoria de sus ácidos grasos que no estaba dispuesto a traicionar sus principios morales y se chivó a las extremidades humanas del vil plan que tramaba el lavamanos. Cuando éste se enteró estalló en una furia burbujeante tan salvaje que dejó exhausta a la cerámica que envolvía al recipente. Desconozco qué es lo que sucedió a partir de entonces, pero según algunos conocidos que siguieron el caso, las manos optaron por lavarse en adelante con toallitas refrescantes, lo que dejó al aguamanil sumido en una depresión que tuvo que ser tratada durante años.
Desde que me enteré de este suceso, ya no he vuelto a lavarme las manos. Tampoco ninguna parte de mi anatomía. Estoy convencido de que el vidé me mira raro. Como siempre voy vestido, nadie nota la roña. Y disimulo el olor corporal comiendo continuamente ajos y cebolla. Mis amigos créen que soy vegetariano, pero lo que realmente soy es precavido. Mi abuelo fue abducido por una ramita y mi tía por parte de madre violada por un pedazo de espadadrapo. No quiero que me suceda nada igual. Las cosas, los objetos están vivos. Puedo escuchar cómo respiran. Sé que todos maquinan algo. Pero yo soy más listo y jamás me amedrentaré. Ayer noté cómo me seguía por el pasillo una chincheta, pero al final pude esquivarla disfrazándome de mancha en las paredes. Soy un superviviente. La semana pasada sobreviví al ataque de una patata y hace un mes casi me asesina un supositorio de glicerina. Te aseguro que venderé cara mi vida, aunque para ello tenga que destruir cada una de las cosas que me rodean.
En estos momentos, mientras te escribo estas líneas, puedo escuchar las risas de la mesa camilla. Sé que planea algo. Desconozco de qué se trata. Si no tienes noticias mías la próxima semana, es que los objetos han ganado la batalla. Si eso sucede, ten un pensamiento positivo para mí.
Greg
