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| Oscar Dominguez. Máquina de coser electro-sexual (1934) |
Hola:
Ayer tuve un sueño muy extraño (¿o fue antes de ayer?), seguramente influenciado por Milo Manara, aunque hace más de 30 años que no he puesto mis ojos sobre un comic suyo. Por alguna extraña razón, yo era un gran inventor al que nadie tomaba demasiado en serio, así que me dedicaba a diseñar proyectos en la sombra, sin ningún ánimo de ser reconocido. Cierto día, o mejor debería decir, cierta noche, diseñé y construí un pequeño aparatito al que al principio llamé «Rey Grog», utilizando un anagrama de mi propio nombre, pero que mas tarde rebautizé como «el flacidador consecutivo». Te explico la razón. Según el sueño, yo trabajaba como cámara en rodajes porno, así que probé mi inventito en el set de rodaje. A estas alturas de la narración deberás estar preguntandote en qué consistía dicha invención. Te responderé lo más rápìdo posible. Se trataba de una puesta al día, por llamarlo de alguna forma, del «Click» de Manara; sólo que el mío inhibía la erección de penes en un radio de 100 metros.
El rodaje fue algo infernal. Ningún actor podía empalmar, ni siquiera con varias pastillas de Levitra. Las actrices se aburrían y una de ellas, Miss Very Big Boobs, se dedicó a hacer ganchillo. El director no sabía qué hacer para continuar el film y el productor se largó a tomarse un venenito a su BMW. El día siguiente fue incluso peor. Los penes de los actores casi no existían ni en estado de flacidez, por eso no me extrañó que la mayor parte de las actrices se dedicaran a jugar al Rabino. Todas excepto Miss Very Big Boobs, que continuaba tejiendo en cadeneta lo que parecía un enorme sujetador multiposición.
El rodaje se suspendió a media tarde. El productor y el director intentaron cortarse las venas en el baño pero fueron salvados in extremis por el operador de sonido que necesitaba urgentemente vomitar. Esa misma noche hice algunas modificaciones en «el flacidador consecutivo» y transformé por completo algunos de sus componentes básicos. También le cambié el nombre. Nada mas salir el sol me entraron ganas de probar el artilugio y me dirigí a un supermercado muy famoso. Allí, al lado de las estanterias de productos de limpieza apreté el botoncito y esperé los resultados.
Todo salió como tenia pensado. Imagínate un gran centro comercial. Ya sabes la cantidad de gente que puede haber en un lugar así a cualquier hora. ¡Sí!, ya sé…no te he contado cuál fue la modificación. Bueno, como eres lista ni siquiera voy a explicártela… ¡No sabes cómo me reí! Imagínate a la gente haciendo el pino. Adultos, críos, perros, ancianas en tacatac. Cada vez que alguien pronunciaba el fonema consonántico palatal «Y», todo ser viviente en un radio de 200 metros se ponía a hacer el equilibrio invertido de brazos, osea, el pino. Sin apoyo, completamente perpendicular. Todos, excepto yo.
Quería disfrutar el momento en toda su plenitud, así que me senté en un banco de madera bastante alejado del teatro de operaciones y mientras contemplaba el espectáculo sentí que era un genio. ¡Y tuve una visión! Vi a mi madre llorando de felicidad y a mi abuela preparando un cocido montañés. De repente un ruido extraño me sacó abruptamente de mi ensoñación. LLegaba la policia. Y un poco más tarde los bomberos. Nada más salir éstos de sus respectivos vehículos se pusieron a practicar el pino. LLegó el alcalde y boca abajo intentó calmar a la gente que lloraba, gritaba, pataleaba contra el cielo.
Como el asunto empezaba a írseme de las manos decidí largarme corriendo. Al día siguiente leí el suceso en los diarios y tuve otra visión. Esta vez era mi padre quién se aparecía y me preguntaba la hora mientras mi abuela seguía con su cocido montañés. Mi invención era revolucionaria, y lo más importante, no servía para nada. Mientras me afeitaba, pude ver a mi yo reflejado que me decía:
-No lo dudes, chiquillo. Tienes que seguir adelante. No te detengas por nada ni por nadie.-
Decidí llevar más lejos mi creación y volví a modificarla. La rebauticé como «Homo fabricator». Si todo salía como tenía pensado, cada heterosexual en 70 km a la redonda sentiría una enorme fuerza que le obligaría a copular lascivamente con los de su mismo sexo, aunque ignoraba cómo les afectaría a los homosexuales, transexuales convencidos, travestis y ministros. Lamentablemente en esta parte del sueño alguien llamó a mi puerta y me desperté.
Espero que no creas que estoy loco. Sueños raros los tenemos todos. Una vez conocí a un tipo que me contó que desde los cuatro años soñaba que un gran vaso de zumo de naranja le perseguía a todos los lados y que la única forma de librase de la pesadilla era sustituir las rebanadas de pan tostado con aceite del desayuno por berenjenas asadas en una freidora eléctrica. De todas formas, al margen de que yo sea o no un demente, estarás de acuerdo conmigo en una cosa. ¿Qué cosa? ¿Qué cosa?
Un abrazo
