Email del 10 de junio 2014

Andre Petterson. Tome release

Amiga mía:

Me encanta el escritor Oscar Latorre, que a menudo suele ser citado como discípulo de Vicente Sanchez Matas, aunque nadie sabe quienes fueron ninguno de los dos. La fuerza de la enigmática prosa de Latorre reinventa las propuestas más radicales de la obra de Matas y las convierte en audacia y frenesí. No puedes llegar a imaginarte cómo me seduce el personaje de Arturo, protagonista absoluto de «El cenicero de papel», que es capaz de esconder el monedero de cuero nuevo de su padre en un florero y acusar a su madre de robo con premeditación, ocasionando una ruptura familiar que tendrá funestas consecuencias cuando el jardinero Adolfo, un ser simple pero repleto de maldad, pinte las flores rojas de los geranios de azul añil y se acueste con una azada rota que perteneció a su tío Jonas, fallecido en extrañas circunstancias cuando se disponía a orinar en el arriate de petunias. Se rumorea que esta novela fue escrita casi en su totalidad en estado de conmoción etílica y que en un principio iba a titularse » Manipulando un pimiento verde», pero que el autor fue obligado a cambiarlo por orden de su amante francesa hipocondriaca, Aurore Montesquieu, a la que le repugnaba todo lo que estuviera relacionado con la ingestión vegetal.

De los cuatro libros suyos que he tenido el placer de leer, ninguno me ha proporcionado tantos momentos de plenitud ensoñadora como «La última vez que estornudé», ensayo poético sobre la viscosidad variable de la saliva donde, por medio de un lenguaje abstracto y a veces incluso impreciso, analiza el funcionamiento de las glándulas salivares menores cuando se sufre un repentino y violento ataque de tos. Te voy a copiar uno de mis párrafos preferidos:

«Manifiesto mi sentido de identidad y dependencia hiposalivando, porque de todos los atributos fundamentales del ser humano, sólo los fluidos orgánicos nos definen como entes superiores. Cuando la baba recorre libremente las comisuras de mis labios y se escurre por el mentón es cuando de verdad entiendo lo que significa estar vivo. No hay nada que me reconcilie tanto con la existencia como sentir la calidez de un pecherín o un pañuelo de seda fina aplicado con diligencia sobre la humedad resbalosa que se dibuja sobre mi piel. Si existe algo que en verdad lamento es que ninguno de mis amigos o seres queridos me deje escupirle. Esputando transciendo esa fina línea que delimita la razón de la locura y me transformo en un superhombre, pero no a la manera nietzschiana, sino abrazando firmemente el concepto de lo que podríamos llamar «voluntad hídrica estabilizadora». 

No te molesto más. Espero que tengas un día perfecto. No olvides que la imperfección es la causante de la decadencia.

Greg