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| Zdislav Beksinski. Untitled 410 |
Hola:
Ayer por la tarde, mientras paseaba por un parque bastante cercano a mi barrio, escuché un dialogo perturbador entre dos tipos que me sumió en un estado de terror puro del que todavía no me he recuperado.
SUJETO 1: Amasita morasin hama hama hama.
SUJETO 2: Amasita hama. Amasita hisin.
SUJETO 1: ¿Amasita hisin?
SUJETO 2: Amasita hisin igh ortofinda musala.
SUJETO 1: Hama hama hama.
SUJETO 2: Hisin hisin hisin.
SUJETO 1: Amasita morasin.
SUJETO 2: Amasita morasin.
Unos minutos después me hallaba en la comisaría denunciando los hechos. Delante de mí, sentado sobre una mesa vieja repleta de papeles doblados y una pantalla de ordenador en la que bailaba un protector de pantalla de peces rojos nadando hipnotizados, se encontraba un sargento de aspecto bonachón e imperturbable.
-¿»Amasita moragin rana»?- me preguntó mientras intentaba tomar nota sobre una hoja en la que destacaba un membrete oficial.
-No, «amasita morasin». ¡Morasin! Y luego gritó «hama hama hama». Nada de rana, -le contesté agraviado.
-Usted ha dicho amasita moragin. Le he escuchado perfectamente.
-Pues me ha escuchado mal o yo no me he explicado bien.
-Prosigamos. Después de «hamanita hama» qué dijo?
-No, no no. El tipo dijo «hamanita morasin hama hama hama» a lo que el otro fulano contestó «amasita hama, amasita hisin».
-¿»Amasita hisin»?
-Exacto, «amasita hisin». Y luego el primero añadió «amasita hisin igh ortofinda musala».
-Ortofinda m-u-s-a-l-a. ¿Se escribe así?- me preguntó mientras deletreaba letra a letra.
-Por lo menos fonéticamente yo lo escuché así.
-Continúe por favor…
-Pues al final intercambiaron unos «hama hama hama» y unos «hisin hisin hisin» y se despidieron con el «amasita morasin»
-¡Bien! Ya he tomado nota. Personalmente me parece una conversación banal sobre los beneficios de las verduras frescas, pero haré caso a su intuición y se la enviaré por los cauces correspondientes a mi superior, el teniente Castillo.
Desde entonces nadie se ha puesto en contacto conmigo. Ni siquiera desde el Ministerio del Interior. Estoy convencido de que se cuece algo gordo, aunque si he de hacer caso a ese sargentillo imbécil, seguramente lo único que se cuece es una gran ensalada de lechuga y berros. Ya veremos. Yo me siento satisfecho porque he obrado como se debe en un caso como este. ¿Cuántas veces escucha uno «amasita morasin hama hama hama» en una conversación normal? Bueno, una vez escuché a dos ancianas conversar en un idioma muy raro, aunque luego comprendí que hablaban en castellano, pero no tenían puestas sus dentaduras postizas. Sin embargo, ellas se entendían a la perfección. Quizá pienses que soy un poco susceptible a los lenguajes foráneos. Es posible. Es muy posible. Pero no puedo dejar de escuchar en mi cabeza ese diálogo ininteligible que me está complicando la vida.
Te mantendré informada.
Greg
