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| Olafur Eliasson. Your black horizon (2005) |
Hola otra vez:
Un viajero solitario descansa apoyando la espalda en un árbol viejo. Sus ojos escrutan todo lo que vive y prospera alrededor. Intenta mirar fijamente al horizonte, pero sólo es capaz de enfocar una línea. -¿Qué es lo que habrá al otro lado? -se pregunta. Incorporándose de un salto intenta trepar a la copa del árbol. Una vez arriba, se da cuenta de que la línea es la misma. Nada ha cambiado. De nuevo no puede dejar de hacerse la misma pregunta. Nadie le responde. Está solo. Los pensamientos se hacen fuertes en su cabeza. Las respuestas deben esconderse en alguna parte. ¿Que es lo que habrá al otro lado? Un pájaro se posa en una rama cercana. Un insecto trata de subir por la pernera de su pantalón. El ave lo ha visto y se lanza sobre el bicho que muere al instante y es engullido en un segundo, justo el tiempo que necesitan mil soles para nacer en el Universo. El viajero intenta tocar el pájaro, pero éste ha alzado el vuelo y en un instante se encuentra planeando sobre la línea. -Si yo fuera un verdecillo o un piquituerto volaría hacia la línea. Entonces podría ver qué es lo que hay en ese lado -piensa el viajero mientras una lágrima semejante al cristal sin pulir se escurre por su mejilla.
Aristóteles escribió que todos los hombres de talento tienden a la melancolía. Lo que no quiere decir que todos los melancólicos tengan talento. Por esa razón, yo nunca he querido saber lo que hay detrás de esa línea. Ya tengo suficiente con soportar lo que nace, crece y se reproduce en este lado. Soy un tipo taciturno, tristón y generalmente suelo estar decaído. Afortunadamente carezco de talento y no necesito cruzar ciertos horizontes. Me conformo con saber que estoy aquí por equivocación y que moriré para subsanar dicho error. Solamente durante el instante que transcurrió entre el momento de mi concepción y el momento en que abrí los ojos por primera vez sentí algo parecido al éxtasis. Y no me refiero a la felicidad, que no existe, sino a un momento, un estado de suspensión total de mis funciones cognitivas. Las células no sienten. Los bebés no razonan. Pero cuando el primer fotón entró en mi cerebro, algo tenebroso se enquistó en mi cuerpo y se apoderó de mi futuro. Desde entonces no soy como tú. Soy más o menos normal, pero muy diferente a lo que unos padres orgullosos hubieran querido tener como hijo. Supongo que existirán cientos de miles de tipos que se sentirán como yo. Pero aunque sean diferentes del resto, siguen siendo también diferentes a mí, por lo que, siguiendo la lógica extrema, yo debo ser como tú. Así que tú eres también un ser raro, perdido, y que ya no busca porque no sirve de nada encontrar. Con unos padres que te quieren pero que hubieran esperado algo más. Algo que les hubiera ayudado a justificar su unión, hasta que la muerte los separase. Algo inexplicable, misterioso, quizá quimérico. Algo que les permitiera sentirse orgullosos de sus justificaciones, de sus coartadas, de sus motivos y responsabilidades.
El viajero solitario jamás baja del árbol. Abrazado a una rama cubierta de liquen espera al crepúsculo. Cuando la noche envuelve a la línea, sus preguntas se desvanecen como un manto espectral y forman parte de la oscuridad. ¡La rotación de la tierra ha creado un nuevo mártir!
Un abrazo
