Email del 22 de julio 2015

Kira Ayn Varszegi. A sleep-deprivation

Amiga:

Un conocido mío al que no veo desde hace varios años, que padecía la enfermedad de Pick y cuya perversión inconfesable era la Folliculaphilia, me vacilaba explicándome continuamente que, gracias a los poderes de la ciencia infusa, había dejado de ser un tosco filisteo. Yo solía replicarle barboteando o emitiendo extraños ruiditos con la boca, que sonaban como un bandoneón deteriorado cuando es tocado a toda prisa por un lémur hipertrófico que ha padecido una severa crisis existencial. En realidad, este sujeto provenía de una familia bastante singular. Su padre, que era azacán de profesión, se hizo rico a le edad de 65 años fabricando capachos oblongos y su madre construía trojs anti-cellisca que se derrumbaban cuando algún insensato se apoyaba en ellos. Tenía un hermano, tres años más mayor, que se ganaba la vida escribiendo opúsculos en servilletas de papel y que falleció a consecuencia de un desgajamiento del periostio y una hermana que levantaba grandes tolvaneras cuando estornudaba.

No sé por qué te cuento esto. Es posible que los gilipollas borrachos que me han despertado tengan parte de la culpa. Y la culpa de mi trastorno del sueño es de la existencia. Podría transformarme en un animálculo, pero sólo me siento realizado y útil a la sociedad almacenando intuición en alguna parte del cerebro. Algunos acumulan riquezas, otros trastos viejos e inservibles. Yo amontono conocimientos cinésicos. ¿Algún problema?

PD:

Toda causa provoca una serie de sentimientos. De todos éstos, la aflicción es el más destructivo y posiblemente el de más difícil curación. La pena es una asesina y puede llegar a acabar con la razón. No se me ocurre una forma de contrarrestar los estragos que produce. No sé si conseguir exterminar un padecimiento puede servir para crecer emocionalmente. En estos momentos no sé nada. Y, créeme, me gustaría saberlo todo.

Saludos