Email del 18 de julio 2015

Vladimir Makovsky. To crown (Farewell) (1894)

Ains:

Hoy tengo una boda. El despotricador anhedónico va de boda. Pero, eso no es todo, pues no hace ni un mes asistí a una graduación escolar. Sí, el despotricador se tragó una graduación. ¡Con diploma incluido! De seguir así, supongo que el próximo paso es asistir a misa o una comida navideña. ¡Con pavo incluido! Afortunadamente las comidas navideñas sólo se producen en Navidad, aunque según me ha comentado un amigo que es sodomizado sistemáticamente por un párroco rijoso, hay misas a casi cualquier hora del día. ¡Con homilía incluida! Claro que si lo pienso podría ser peor. ¿Peor que tragarse una boda, una graduación, una misa y una comida navideña?

La boda es de blanco. Me refiero a que todos los invitados debemos vestir el color cromático de claridad máxima. Incluso la ropa interior tiene que ser blanca. Todo la gente que ha tenido el privilegio de contemplarme en gayumbos sabe que el blanco no me favorece. Realza demasiado mis perfectas piernas, por lo que el resultado siempre es el mismo: suicidios en masa por envidia y celos.

Los dos humanos que contraen nupcias desconocen por completo la que se les viene encima. Yo podría adelantarles un par de capítulos. Pero, ¿realmente gano algo si les anticipo las inconveniencias? Casarse no es más que un trámite, un papel. El dinero también es un puto papel. Y el papel de váter es,lógicamente, un jodido papel. También es un papel nuestro paso por la existencia. ¡Es curioso! Una millonésima de la millonésima de la millonésima de la millonésima de la millonésima de segundo después del Big Bang, el universo tenía el tamaño de un guisante. Lo que no está claro es si era un guisante «Provenzal», «Oberon» o «Lincoln». Ahora, después de 13.798 miles de millones de años desde ese instante supremo, los humanos todavía se vinculan por medio de unos papelitos, unas firmitas y un «Sí quiero».

Y ni siquiera me voy a dignar en desvariar sobre el convite, esa especie de reunión pagana donde todo o casi todo está permitido, excepto insultar a los ancianos de cada familia o no depositar un cheque en el bolsillo de uno de los cónyugues. Sólo de pensar que voy a acabar con un maldito Farias en la boca y cantando el «Halo» de Beyoncé me produce unas ganas enormes de saltar desde El Miguelete.

G.