Email del 13 de enero 2016

Conroy Maddox. Free associations

Si estuviéramos en condiciones de liberarnos. ¡Si fuera posible! El tiempo nos hace mayores. Pronto seremos ancianos y registraremos la casa buscando los álbumes de fotos. Tantos vivos y tantos muertos para nada. Parece que controlamos las lágrimas. Parece que somos capaces de diferenciar entre lo que fue y lo que nunca podrá ser. Las sombras han aparecido colgando como cortinas de hierro. Nos miramos en los espejos agrietados y sólo vemos restos. Nos gustaría gritar pero, al mismo tiempo, no queremos que nos oiga nadie. Nos gustaría gritar. Nos gustaría gritar. Nacimos en el exilio. Vivimos en mazmorras. Moriremos solos. Moriremos solos. Nos gustaría gritar. ¡Si fuera posible liberarse! Desprenderse de la piel y los huesos. Despojarse de los recuerdos. Renunciar a las emociones. Nos gustaría gritar. Y esparcir al viento cada gramo de lo que no somos.

Tengo escondido un deseo. Soy capaz de acariciarlo. Puedo estirar su masa y deformar su apariencia. Puedo sentir sus pasos. Puedo ver sus huellas. A veces trato de ponerme en contacto con él, pero no atiende a razones. Quiere que abra la puerta. Quiere que atraviese la línea. Quiere que me deslice entre las ondulaciones. Las ondulaciones. ¿Son sensaciones? ¿Ilusiones? ¿Confusiones? ¿Conclusiones? ¿Son lamentos adheridos a cada poro, a cada orificio, a cada partícula o porción? ¿Son los vestigios desmoronados que se alzan como estatuas de tierra cada vez que la soledad se acurruca en el estómago? Me gustaría comprender algo. No necesariamente todo de ese algo. Sólo una pequeña parte. Quizá una fracción equivalente a un suspiro.

Mantengo con vida varios recuerdos. Los alimento con las sobras desnudas de las particiones excedentes. Los visto y los desvisto como si fuera muñecas de trapo. Cuando me siento solo les peino el cabello y cuando estoy acompañado los muestro como si fueran extensiones anormales de mí mismo. Los sumerjo en sollozos cansados y flotan. Los arrojo por la ventana y regresan. Algunos son del color de la sangre, otros se mimetizan y me cuesta encontrarlos. Cada uno de ellos me pertenece, aunque yo quiero que se sientan libres.

Si pudiéramos ser libres. ¡Si fuera posible! El frío del invierno nos aprisiona como si fuera una gran lápida de piedra cubierta de líquenes. Tantos días y tantas noches para nada. Parece que divisamos una luz en el horizonte. Parece que en cada hebra del algodón de la esperanza se oculta un cúmulo concentrado de placer distorsionado. La penumbra silenciosa congela el umbráculo. Nos gustaría gritar. ¿Por qué no gritamos? ¿Acaso esperamos un milagro asombroso que nos convenza de que existe un futuro? ¡Si fuera posible liberarse. Arrojar cada excusa y cada lamento al contenedor de espejismos desdeñables. Silenciar por medio de sollozos indoloros cada fracción del Yo, de la Nada, del cuándo y del por qué. Nos gustaría gritar. Y esparcir al firmamento cada gramo de lo que no somos ni seremos.