Email del 24 de enero 2018

Remedios Varo. Banqueros en acción (XX cent.)

Hola:

El único pastelito que no mancha las manos y en el que realmente creo es en el «financier». En realidad es un bizcocho almendrado de origen francés cuya historia es tan fabulosa como su sabor. Pero no te escribo para advertirte del enorme peligro que supone para la adicción probar uno de estos «orgasmitos», sino para lloriquearte una vez más. Y es que los malditos financieros -los de carne y hueso- están acabando con las ganas de mantenerme vivo hasta que llegue el día en que Cloto, Láquesis y Átropos, las tres hermanas infernales, decidieron como fecha de mi deceso. Uno de ellos, el director del banco que me tiene agarrado por los dídimos (aka huevos), me llama todos los días por teléfono, se carcajea y cuelga. En algunas ocasiones es su secretaria la que hace la llamada, pero ella en lugar de reírse, me susurra con una especie de gruñido sibilante y mefistofélico «pronto serás nuestro, pronto serás nuestro». Incluso la señora de la limpieza que trabaja para ellos me telefonea, aunque no me amenaza, sino que intenta convencerme para que contrate a su hijo somnofílico como asistente de limpieza y planchado. La verdad es que me estoy planteando seriamente contratar a un asesino de masas para que acabe con todos los directores de banco (y sus secretarias) que existen en mi comunidad autónoma. Y si todo sale de una manera más o menos adecuada, quizá podría ampliar la escabechina bursátil a otras comunidades y más tarde a otros países europeos. Podría llamar a mi empresa homicida «Progromo S.L.» o incluso «Amok company«. Pero creo que estoy divagando. Supongo que en lugar de dispersarme debería responsabilizarme, que también termina en «arme». Responsabilizarme de mis desgracias financieras. Y de paso, dejar de emberrenchinarme y comenzar a autocontrolarme. O quizá sería más prudente metamorfosearme en mosca de urinario (familia Psychodidae) y salir pitando, o mejor volando, de esta sociedad putrefacta y llegar a un lugar donde el ganado salvaje sea el único mamífero predominante. Allí, me cambiaría el nombre de Greg a Heidi y comenzaría una nueva vida repleta de leche de cabra, pastos increíblemente verdes y montañas nevadas permanentemente.

Para terminar, me gustaría expresarte el desasosiego persistente que, aterrado, se oculta en alguna parte de mi interior. Si se escondiera envalentonado todo el mundo podría escucharlo cantando canciones protesta de los años 70. La causa es que por más que intento ver el lado bueno de las cosas, más me duele el cuello. Me descojonaría si no estuviese de luto. Ayer murió alguien en alguna lugar. Seguramente murieron muchos en demasiados lugares. La mayor parte de esos tipos y tipas se largaron de nuestro mundo felices y con una alegría inusitada por la mierda que dejaban atrás, pero algunos, no sé, me imagino que unos cuantos más unos pocos, se marcharon llorando por lo que no pudieron llevarse consigo. A unos y otros, les dedico mi negligencia hemisférica.

Greg