Email del 18 de febrero 2018

Hossein Zenderoudi. First name (1977)

Me llaman Descerrajín aunque mi verdadero nombre es Gregorio. Una de las cosas que más me gusta hacer en la vida es descerrajar. Si en lugar de descerrajar me dedicara a resquebrajar me llamarían Resquebrajín y no Descerrajín; eso resulta obvio. Pero si en lugar de descerrajar o resquebrajar decidiera cambiar mi mote a Cascamajar, me sentiría obligado a transmutar mi hábito preponderante y ponerme a aplastar cosas u objetos, con o sin convicción. No voy a negar que chafar tiene un punto concupiscente, pero no creo que pueda llegar a ser comparable con descalandrajar, la costumbre que proporcionó mote a mi padre, Gregorio López senior, o Descalandrajín como le apodaban sus amigotes de juergas. Descalandrajín fue un tipo extraño al que no le importaba nada que no fuera desgarrar ropa nunca desgarrada anteriormente. Si le entregabas un pantalón de tergal o una camiseta de algodón ya descalandrajada por otro descalandrajador su rostro se contraía de una manera que invitaba a salir disparado y ponerse a cubierto durante por lo menos un par de horas, que es el tiempo que necesitaba para volver a tranquilizarse y olvidar que alguien había pretendido que descalandrajara algo ya muy descalandrajado o, como mínimo, indesgarrable. Pero creo que me estoy perdiendo en un océano de pretéritos arrinconados. Mi objetivo textual es fomentar el uso de remoquetes, aunque supongo que no fomento todo lo bien que sería deseable, pues sé que este montón de renglones solo será leido por mí, Gregorio Descerrajín, cuando intente corregir las faltas ortográficas que pueda haber cometido. Por esa razón estoy pensando seriamente cambiar mi sobrenombre y convertirme a partir de un futuro próximo, en Gregorio Fomentarín en lugar de Gregorio Descerrajín, hijo de Gregorio Descalandrajín senior.

Que así quede escrito.