Email del 12 de marzo 2018

Pablo Picasso. Dos figuras (1904)

Y a partir de ese justo instante, Z comenzó a imaginar. De repente, un millón de pensamientos y representaciones rodearon su figura desquiciadamente nebulosa y los desechos aromatizados que se liberaron danzaron hasta el amanecer. Lo sé porque lo pude ver con mis ojos, aunque no creo que pudiera jurarlo si me obligaran a hacerlo. En ocasiones los sentidos se equivocan, seguramente para enmascarar la propia herrumbre que los alimenta. Lo único de lo que estoy seguro es que tuve que defenderme. ¿Acaso puedo ser juzgado por intentar salvar mi vida? Hasta esa noche yo me limitaba a existir mientras las densas sombras palpitantes me cerraban todas los accesos. Podría contarte lo que sucedió cuando la ineluctable aproximación transitoria decidió convertirse en una especie de quitasol blancuzco bellamente trabajado, pero no me creerías. Ni siquiera estoy seguro si todo lo que creo que vi fue real. Lo único que sé es que Z fantaseó mientras yo deliraba. Tú conoces a ese tipo. Sabes que casi siempre se encuentra dentro de mí. Intuyes sus percepciones porque no es un sujeto complicado. Ni siquiera su mente es diferente a la de cualquier hombrecillo que camine por las calles creyendo que dentro de su cerebro anida una bruma impenetrable.

¿Dónde se encuentra ese estancado límite que separa lo dudoso de lo discutible? Tengo un trozo de vidrio en la mano. Pronto lo tendré cerca del cuello. Entonces el cristal se convertirá en cuchillo. Y cuando lo que tiene que suceder se establezca como realidad perceptible, todas las pequeñas cosas que alguna vez me importaron algo dejarán de formar parte de un dudoso álbum de fotos. ¿Es posible que Z no estuviera equivocado? ¡Quizá cada uno de esos pretendidos errores solo fueron los restos de un callado pretexto! Y mientras las translúcidas esperanzas se desvanecían como partículas indivisibles, las rebañaduras de sus insignificancias colisionaban…

No espero tu compresión, ni siquiera una limitada contestación. Solo espero que todo quede donde lo puso el tiempo. ¡Me siento tan dichoso embarrado dentro del cenotafio!