Email del 28 de agosto 2018

Wassily Kandinsky. The singer (1903)

Amiga:

Acabo de componer la letra y la música de una nueva canción y he reparado en que la melodía que se supone he inventado me recuerda un montón a otra muy conocida. La letra del primer párrafo de mi canción es:

«El mayor privilegio del género humano es la posibilidad de extinción. 
Ains. Ains. La posibilidad de extinción. La posibilidad de extinción.»

Ahora entona dicha letra con la melodía de una canción que cantábamos cuando éramos pequeños y no podíamos entrar en las webs porno falsificando las edades, más que nada porque entonces no existía internet ¡Lo has adivinado! La canción a la que me refiero es Quisiera ser tan alto como la luna. ¡Inténtalo! Canta mi letra con la melodía de esa canción infantil. Si lo haces de la manera correcta el resultado debe ser algo parecido a esto:

«El mayor privilegiooooo del génerooooo humanooooo es la posibilidaaaaad de extincióoooon. 
Ainsssss. Ainsssss. La posibilidaaaaad de extincióoooon. La posibilidaaaaad de extincióoooon.» 

Vale. Supongo que ya lo has hecho. ¿No crees que mi letra y esa melodía están hechas para seguir juntas in saecula saeculorum? No estoy de coña. Vuelve a intentarlo. Pero en esta ocasión, quiero que lo hagas con sentimiento. ¡Sentimiento real! ¡Palpable! ¡Como si fueras parte de Los Amaya! ¿Recuerdas a ese dúo? Cada vez que oía sus voces necesitaba urgentemente introducirme un supositorio Rovi por el…. Pero me estoy alejando de lo que en realidad quiero obtener, que no es otra cosa que recibir tu confirmación textual manifestando que soy uno de los mejores letristas de la historia y que mi verso te ha impactado. Vuelve a cantar el primer párrafo. ¡Hazlo por mí! ¡Siéntelo!

Maravilloso. Ahora, quiero que vayas a la cocina, abras la nevera y te comas un plátano. Si no tienes plátanos, bastará con que te comas una pera. Si tampoco tienes peras, en lugar de ir a la cocina y abrir la nevera, dirígete a la cocina de algún vecino y róbale un plátano. Si no tiene plátanos, entonces róbale una pera. Si tampoco tiene peras regresa a casa nuevamente y vuelve a interpretar mi letra. Quería que comieses plátanos o peras porque dicen que ambas frutas son maravillosas para las cuerdas vocales, pero llegados a este punto de odio tenaz a las frutas, que tanto tus vecinos como tú profesáis, me contento con que vuelvas a cantar mi letra de cualquier manera. ¡Canta nuevamente mi obra maestra! ¡Demuéstrame que puedes hacerlo!

¡Otra vez! ¡Vuelve a cantar el párrafo otra vez!

¡Otra más!

¡Y otra!

¡Y otra!

¡Una vez más!

¡La última, porfa!

¡Gracias!

Greg (támbien llamado ¡Greg!)