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| Nicolas De Staël. Desnudo azul reclinado (1955) |
Querida amiga reconstruida con materiales sincrónicos y hodiernos:
Mi obligación como ser humano perteneciente al género masculino es parecer humano y masculino el mayor número de horas posible. Por lo menos cuando estoy delante de otros humanos. Poco importa si esos otros humanos son o no realmente humanos y al género al que puedan pertenecer. Si parecen humanos es que son humanos, o por lo menos, en algún momento de sus existencias lo fueron. Sin embargo, desde hace un par de semanas cada vez me cuesta más demostrar mi humanidad y masculinidad, pero de la misma manera, también mi mundanidad, benignidad, serenidad, dignidad y valencianidad. Actualmente lo que realmente me interesa es demostrar mi impresentabilidad y desagradabilidad. Así evito tener que parecer lo que los que están alrededor de mí quieren que parezca.
Según mis cálculos, y no precisamente los biliares, desde que nací hace 56 años hasta hace apenas media hora, me he vendido en 345.982 ocasiones. De esas 345.982 ocasiones, 345.981 fueron conversaciones estúpidas o interacciones por conveniencia. Si restas a la primera cantidad la segunda, obtendrás un resultado como este: 1. ¡Uno! El uno, además de ser el primero de los números naturales, es la cifra menos agraciada -analíticamente hablando- del sistema numérico. Además, es la cantidad que representa al único proceso de normalización de los comportamientos radicales que he podido solucionar en mi existencia. Los médicos lo llamaron «síndrome de excitación genital persistente» pero para mí era simplemente «ir empalmado a todas horas». Aunque creo que no es necesario que me extienda más sobre la líbido de mis días lejanos y concluya de una vez lo que he querido trasmitirte desde la primera línea del primer párrafo. La verdad es que la primera línea del segundo párrafo es sensacional pero la cuarta línea del primer párrafo debería haber sido más trabajada.
¿Sabes? Incluso cuando parece que todo va bien, todo va mal. Sin embargo, cuando parece que todo va mal, todo va mal. A veces incluso requetemal. Solo en un par de ocasiones cuando todo parecía ir regular, las cosas acabaron arreglándose hasta llegar a un regular-casi-bien cogido por los pelos. ¿Qué pelos? Los míos no, pues están en barbecho. Pero creo que vuelvo a salir por peteneras, aunque si quieres que te sea horrendamente sincero, prefiero salir por peteneras que por restricciones fragmentadas en longitudes polimórficas.
Gel de baño López
P. D.
Ya sé que el cuadro que acompaña este texto no tiene ninguna relación con lo que expreso o trato de expresar en él. ¿Y qué? Me vas a denunciar a Blogger? «Desnudo azul reclinado» es uno de mis lienzos preferidos del siglo XX y me apetecía colgarlo hoy.
