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| Karl Otto Gotz. Untitled (From a laugh without mouth) (1966) |
Hola:
He podido extender una delicada sonrisa. Créeme, no ha sido fácil. Todos sabemos que las sonrisas no permanecen mucho tiempo en el mismo emplazamiento, aunque a algunas se las puede ver revoloteando con movimientos espirales cuando las partículas de la incertidumbre limitan la gravitación de los recuerdos. La memoria. ¿Esa maldita alimaña que marca su territorio con mentiras irregulares e intensas? El pasado. ¿Qué supondría descubrir que no existe nada más que descubrir? La nada. A veces sujeto los fragmentos de la ausencia absoluta, ya sabes, esos que en realidad no existen porque nadie quiere ver, y los agito con ritmo sincopado. No sé por qué lo hago, pero sé que es necesario. Durante el proceso de desplazamiento, algunos, supongo que los que no estaban debidamente asidos, salen disparados e impactan en ninguna parte, de ninguna manera. Y los que acaban en la superficie son pisoteados sin miramientos por el resto de consideraciones nulas.
Mi delicada sonrisa se ha transformado en un (r)ictus. ¿O quizá es una mueca? Nunca he sido capaz de diferenciar las torsiones del rostro. Por esa razón siempre veo la misma boca. Mi boca. Mi espejo. El reflejo. ¿Alguna vez has calculado la distancia existente entre el principio del principio y final del final? No estoy tratando de hacer un chiste o un juego de palabras facilón. Todos los primeros instantes de la existencia de un ser o un algo, al igual que los ocasos, se forman a partir de otros muchos millones de principios y finales diferentes, aunque de alguna forma interconectados. Yo fui algo. Ahora soy eso. Pronto no podrás verme. ¡La línea recta! ¡La línea recta! El sistema entrópico. La realidad. ¿Alguien es capaz de definir dicho vocablo sin sentir náuseas?
Las evidencias nos persiguen como partículas subatómicas, se inmiscuyen en nuestras circunstancias y las evisceran con requisitos condicionantes e implantados. Sea como sea, una cosa es cierta: cada vez que intento aflojar el nudo, se me escurre la silla.
Gregorio
