![]() |
| Francisco de Goya. Perro semihundido (1819-23) |
Todos los sistemas funcionan a la perfección (cuento breve escrito con la nariz, por medio de un bolígrafo Roller pegado con esparadrapo a ella)
«-Mi trabajo es explicar a todos los mortales que realmente son inmortales, aunque solo un 0.1 % llega a creerme y confiar en la mierda que les vendo. Sin embargo con la pasta que le saco a ese pequeñísimo porcentaje puedo vivir como un rey. Bueno, quizá como un rey no, pero sí como un archiduque.
Quien así se expresaba era un tipo al que odiaba con todas mis fuerzas, pero al que le suministraba drogas y putas. El me pagaba una buena pasta y yo hacía como que estaba fascinado por su palabrería. Pero cuando todas mis putas se largaron con todas mis drogas y me dejaron semihundido y con una mano delante y otra detrás, no tuve más remedio que decirle lo que en realidad pensaba de él y de sus memeces, aunque ni siquiera se inmutó. Se atusó el bigote con la mano derecha y volvió a demostrarme que era un gran charlatán.
-No importa. Siento que las furcias te hayan robado las drogas. También siento que creas que soy un aprovechado con serios problemas cerebrales. ¡Ningún oportunista es tonto! Recuérdalo siempre. Mi trabajo sigue siendo el mismo. Ya sabes, trato de explicar a todos los mortales que realmente son inmortales, aunque solo un 0.4 % llega a creerme y confiar en la puta mierda que les vendo. Sí, no pongas esa cara. ¡Un 0.4! He mejorado mi técnica desde la última vez que te conté lo que trato de contarte en este momento y lo que siempre te cuento en cualquier lugar donde podamos coincidir. Pero tal y como te digo en todas esas ocasiones, con la pasta que le saco a ese pequeñísimo porcentaje puedo vivir como un rey. Bueno, quizá como un rey no, pero sí como un vizconde.»
FIN
Si piensas que es una jodida mierda, pégate un boli o una pluma a la nariz e intenta escribir algo. Poco importa si lo que puedes escribir carece por completo de sentido. Hace unos meses, cuando escribí ese poemario con la oreja, dijiste que eso lo podía hacer cualquiera que estuviera lo suficientemente zumbado como yo. ¡Eso me dejó indispuesto durante tres días! Y durante las noches de esos tres días medité y medité y medité sobre la imbecilidad y la isocronía. Por esa razón quise demostrarte que te equivocabas, y no se me ocurrió otra manera más que escribir un minicuento con un ojo. Como me fue completamente imposible sujetar un bolígrafo al ojo cambié el plan a la napia y me entrené concienzudamente durante tres largas semanas. Y hoy, por fin, he sido capaz de demostrarte que no soy un badulaque. Te chinchas (o te jodes, como te venga bien en este momento)
Ñeñoñio López
