Email del 6 de septiembre 2018

Rene Magritte. The use of the word (1936)

Querida:

El polvo ya no descansa encima de algunas de esas palabras. Las que tuvieron que ser marginadas porque resultaron previsibles e inevitables y ahora se arrastran como lagartos por el suelo. ¿Alguien es capaz de adivinar hacia qué lado de los cuatro posibles se dirigen? Yo sí, o por lo menos eso trato de creer mientras contemplo como algunas se acomodan y asolean debajo de la ventana. El resto, las que no poseen el gen de la paralización o el impedimento continúan su trayecto hacia alguna parte. Me gustaría inundarlas con la mirada, pero sin ahogarlas al hacerme visible. Ya sabes, como ese ojo estructuralmente desproporcionado que en los grabados antiguos observa en la distancia.

Ahora estoy tumbado y el techo se aproxima. Cuando llegue a menos de dos centímetros de mi cuerpo sabré que todo ha terminado. Mientras espero que eso suceda, intento cantar una canción que me enseñó un amigo hace muchos años. Pero como he olvidado por completo la letra, me invento las estrofas. El problema es que mi vocabulario se ha quedado muy mermado. Necesito disponer de algunas de las palabras que en estos instantes se dirigen hacia alguna parte, o incluso de las que permanecen acomodadas tostándose con los pedacitos de sol descompuesto que se filtran por la ventana.

Es curioso, la lámpara colgante va a atravesar mi torso y lo único que me preocupa es si el proceso será demasiado doloroso. Y mientras le sigo dando vueltas a ese pensamiento, el horizonte artificial que dibuja mi aliento se transforma en una especie de totalidad confusa y arriesgada. Me encantaría poder volver atrás y matarme a mí mismo. Sin embargo voy a ser asesinado por una imagen fantástica. ¡La realidad siempre es un impedimento!

G